Se cumplen 49 años de la partida de Arsenio Erico

Arsenio Pastor Erico Martínez (1915-1977), considerado el mejor jugador paraguayo de todos los tiempos.
Arsenio Pastor Erico Martínez (1915-1977), considerado el mejor jugador paraguayo de todos los tiempos.

Se cumple un nuevo aniversario del adiós al Saltarín Rojo, el máximo artillero histórico del fútbol argentino y la leyenda que fascinó a Alfredo Di Stéfano, pero que jamás vistió la camiseta de la Selección Paraguaya.

El 23 de julio es una fecha grabada a fuego en las páginas doradas del deporte continental. Un día como hoy, en 1977, se apagaba la vida de Arsenio Pastor Erico Martínez, para muchos el futbolista paraguayo más influyente de todos los tiempos. Sin embargo, el calendario conmemorativo no solo invita a recordar sus hazañas, sino que vuelve a exponer una grieta histórica tan fascinante como incomprensible: la del gigante que conquistó el continente y jamás jugó un solo minuto para su país.

Nacido en Asunción en 1915 y formado en la cantera de Nacional, el destino de Erico cambió para siempre cuando cruzó el Río de la Plata. En la década de 1930, con la camiseta de Independiente de Avellaneda, el delantero paraguayo no solo se transformó en ídolo: reescribió las leyes del gol. Bajo el apodo de ‘El Saltarín Rojo’, convirtió el área rival en un escenario acrobático y desató una era de dominio absoluto en la época dorada del balompié trasandino.

Con 295 goles en 325 partidos oficiales, Erico se mantiene en la cima absoluta como el máximo anotador en la historia del fútbol argentino y del propio Independiente. Aunque historiadores discuten si la marca original fue de 293 o 295 conquistas, su récord de 47 goles en un solo torneo —logrado en la temporada de 1937— sigue siendo una cumbre inalcanzable. A nivel global, sus 331 tantos en Primera División lo posicionan en el puesto 34 de la clasificación histórica de la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol.

Pese a ese estatus de mito viviente, la gran paradoja de su carrera se consumó en el plano internacional. Por diversas circunstancias de la época, la máxima figura que dio la tierra guaraní nunca disputó un partido oficial con la Selección Paraguaya. Hoy, mientras su nombre inmortaliza la platea central del Libertadores de América en Avellaneda, el estadio de Nacional y la tribuna principal del Defensores del Chaco —donde reposan sus restos en un mausoleo de honor—, la memoria futbolera sigue rindiendo homenaje al que reinó en el extranjero pero permaneció, por siempre, como el gran tesoro pendiente de su patria.