El estreno de la fase de grupos de la Copa Libertadores 2026 tuvo para el Club Guaraní un matiz que trascendió lo estrictamente deportivo. En el empate cosechado en la ida de la Fase 2, frente a Juventud Las Piedras, el equipo de Dos Bocas saltó al campo de juego portando una armadura cargada de mística y simbolismo. La nueva camiseta alternativa no fue diseñada solo para la competencia; fue concebida como un testamento visual en honor a la leyenda de nuestra música, Quemil Yambay, quien partiera a la eternidad el pasado mes de enero.
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La prenda, una pieza de colección confeccionada por la marca nacional Kyrios, rompe con los esquemas tradicionales para abrazar la identidad paraguaya. Bajo un predominio del color amarillo con finos detalles en negro, la indumentaria integra elementos que narran la vida del artista. En un gesto de respeto institucional, el club decidió incluir la inscripción “Patrimonio de la Cultura Nacional” en uno de los extremos inferiores de la casaca, junto a una representación del rostro de Yambay, -en el lado interior de la tela, a la altura del cuello-, cuya sonrisa y talento lo convirtieron en un icono transgeneracional.

El detalle más íntimo de la prenda se encuentra en la parte posterior. A la altura del cuello, la camiseta rescata una estrofa inmortalizada en la canción “Lidia Mariana”: “Ñandéko jajoayhuetéva ndaikatúi jajopoi” (Los que nos queremos tanto, no podemos soltarnos). Esta frase no solo evoca la lírica del músico, sino que simboliza el vínculo inquebrantable entre el hincha y su club, en este caso el aurinegro.
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Más allá de su genialidad sobre los escenarios y su capacidad para retratar al Paraguay profundo a través del “compuesto”, Don Quemil fue, ante todo, un hombre de pasiones deportivas. Su corazón latía con la Albirroja, pero encontraba su refugio en la toldería de Guaraní. Reconocido como un “hincha de pura cepa”, el vínculo de su imagen con la entidad de Dos Bocas era parte de la tradición del club, donde se lo respetaba tanto por su arte como por su lealtad a los colores.

Esa conexión entre el arte popular y la mística del “Aborigen” quedó sellada para la posteridad en sus composiciones. Yambay no solo alentaba; él cantaba a la gloria. Entre su vasto repertorio, destaca la obra “Guaraní campeón, campeón Guaraní”, una pieza dedicada a aquel plantel histórico que alcanzó la gloria máxima en el campeonato de 1984.
Al elegir el marco de la Copa Libertadores para este lanzamiento, el Club Guaraní envía un mensaje potente al continente: el fútbol es, en esencia, cultura y memoria. Llevar el legado de Yambay a las canchas sudamericanas es una forma de asegurar que su voz siga resonando, ya no solo en las radios y festivales, sino en el rugido de la hinchada que hoy, más que nunca, se siente identificada con su “Patrimonio Nacional”.
