“La ventaja es el tamaño de nuestro país y el número de estadios. Se pueden repartir” los partidos en todo el territorio, afirmó Mourao a la salida del palacio presidencial de Planalto en Brasilia. Se trata de la primera reacción del gobierno de Brasil tras el anuncio sorpresa de la Conmebol de este lunes de entregar la sede del torneo de selecciones de fútbol más antiguo del mundo al gigante sudamericano, campeón de la Copa América 2019 de la que fue anfitrión.
A dos semanas del inicio de la competición, la Conmebol retiró a Argentina la noche del domingo la organización exclusiva del evento por el alto riesgo epidemiológico en ese país por el Covid-19 y dos semanas antes lo había hecho con Colombia, otra de las sedes conjuntas, que vive desde hace un mes un desbordado estallido social con decenas de muertos.
“No se puede decir que es más seguro, pero hay menos riesgo”, argumentó el vicepresidente de Brasil, adonde, sin embargo, el Covid-19 ha matado a más de 460.000 personas, el segundo peor balance mundial, en tanto que ocupa el tercer lugar del ranking de casos con más de 16 millones de contagios.
Cuestionado sobre si la Copa se disputará en un ambiente seguro de contagios, Mourao respondió: “Creo. No habrá público, ¿verdad? No hay público, no hay problema. Basta con repartir bien los lugares” donde se desarrollarán los partidos, del 13 de junio al 10 de julio. “Quiero agradecer al presidente Jair Bolsonaro y a su gabinete por recibir al torneo de selecciones más antiguo del mundo”, agradeció en Twitter el presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), Alejandro Domínguez.
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Aunque los especialistas creen que las cifras reales son muy superiores, Brasil, con 212 millones de habitantes, es el segundo país más enlutado por la pandemia en números absolutos, por detrás de Estados Unidos, y de acuerdo con las proyecciones de los epidemiólogos, se espera una letal tercera oleada de contagios y decesos en junio.
