Cercano, gentil y siempre observador, el mexicano ha sido la cara más visible de Grupo Pachuca en Oviedo desde su llegada al accionariado carbayón, desembarco que tuvo en la designación de Peláez como presidente la primera gran decisión junto con la inyección de dos millones de euros en la entidad.
De raíces asturianas, dejó atrás 25 años de desempeño en su Pachuca natal para iniciar un proyecto en el que el trance más duro en lo personal fue sobrellevar la muerte de su padre en la distancia y en el que, en lo deportivo, ya ha tomado decisiones de calado como lo son los despidos del director deportivo y el técnico que dirigían el proyecto azul.
Para Peláez, que se vio obligado a ese paso tras asumir que no solo los resultados no salían “sino que además el equipo no jugaba a nada”, el triunfo lleno de épica ante el Granada marca un nuevo camino con Álvaro Cervera al frente, uno en el que, en los despachos, trata de arreglar junto al máximo accionista para que la ciudad deportiva del club azul “pueda expansionarse” hasta duplicar su tamaño.
-Pregunta (P): Cuatro meses, ¿dan para hacer balance?.
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-Respuesta (R): Sí, además han sido tan maravillosos en lo profesional, por el aprendizaje, como duros en lo personal, por todas las dificultades. En este tiempo perdí a mi papá, a mi tía, y aún ahora hay problemas de salud en la familia. Todo se hace más complicado con mi esposa y mis hijos también en México, no ha sido nada fácil porque muchas noches pues se hacen largas.
-P: Porque por el día, no ha hecho más que trabajar…
-R: ¡Pues claro! Ahora con Jesús (Martínez) estamos mirando terrenos para la ciudad deportiva, y todo con una ilusión grandísima porque me encanta el proyecto, la ciudad y la afición. He aprendido a querer cada día al Real Oviedo, a lo que aquí se respira fuera y dentro del equipo. Cada día me ha servido para comprender un poco más esa filosofía de vida y la forma de pensar de los oviedistas y de los ovetenses. Cada lugar tiene su particularidad y aquí, por ejemplo, tenemos un chip no diré que perdedor, pero sí de pensar “siempre nos ha ido mal, seguro que nos acaba pasando algo malo”.
-P: ¿En qué lo notó?
-R: En los detalles. Un día camino de Mendizorroza, me subí al coche entusiasmado y puse el himno del Oviedo. Y de pronto escucho a alguien comentar: “recuerdo que siempre que nos toca volver de Vitoria, lo hacemos tristes”. Y pensé para mí: ya vamos perdiendo antes de llegar. Parece que siempre revivimos las cosas malas que nos han pasado, y yo quiero cambiar ese chip. Tengo entusiasmo por revertir ese pensamiento y voltearlo, tenemos que ser positivos y sumar entre todos.
-P: Ese entorno que siempre se cita, dentro y fuera del club, ¿es clave para obtener resultados?
-R: Siempre le digo a mi gente que el hecho de que entre la pelotita o no no es solo cosa de los jugadores, o del míster: aunque ellos sean los principales, los que diseñan un partido o golpean un balón, ganar y que se cumplan los objetivos es una suma de todo. De todos.
-P: Hace solo unos meses estaba más enfocado al área comercial, y hoy, a miles de kilómetros de Pachuca, preside un club entero. ¿Le ha cambiado mucho la vida?
-R: Claro que me ha cambiado, la responsabilidad ahora es mucho mayor. En Pachuca llevé durante muchos años esa parte más comercial, y en la última etapa también la deportiva, pero es que en Oviedo la responsabilidad es integral y en la base de toda esa responsabilidad está la gente. A uno le toca dirigir, impulsar, auditar… Sin embargo es la gente la que construye y creo que estamos formando un gran equipo en ese sentido, incorporando a gente muy valiosa en todas las áreas.
-P: ¿Han hecho más cambios de los que habían previsto?
-R: Han sido cuatro meses que parecen dos años, y quizá no se vea, pero hemos hecho muchas cosas, muchos cambios cuyos resultados se irán viendo tarde o temprano. Estamos a tope, y muy contentos en ese sentido.
-P: En lo puramente deportivo, ¿la semana más dura fue la que acabó con el despido de Tito y Bolo?
-R: Sí. Cuando llegamos a Oviedo esa parte de la estructura estaba armada y no esperábamos tener que acometer esos cambios en el banquillo y en la dirección deportiva. Teníamos la esperanza y la ilusión de que iba a ir bien, y fue muy difícil esa situación. El día de Albacete fue especialmente complicado. Jesús (Martínez) y yo ya íbamos viendo que el equipo, independientemente de que los resultados fuesen malos, no jugaba bien. No jugábamos a nada. Y veíamos muy difícil salir del hoyo en el que nos estábamos metiendo si seguíamos con la misma gente.
-P: Se cortó por lo sano…
-R: El día de Albacete fue el detonante para tomar decisiones. Hace muchos años el Pachuca también peleó el descenso, pero hacía mucho tiempo que yo no padecía estar en esa zona de la tabla y las semanas que estuvimos ahí abajo no sabes lo duro que fue. No estaba ya acostumbrado a vivir esa experiencia y verse ahí fue terrible.
-P: ¿La llegada de Cervera fue balsámica?
-R: Por mucho optimismo que tuviéramos, si la cosa no funcionaba y volvíamos a perder, eso no te da. Por eso todo lo que vino después fue balsámico, sobre todo el partido de Granada por la necesidad que teníamos de ganar pero más aún por la forma en que lo logramos. Si tu escribes un guion para poder tener un partido que te sirva de revulsivo para salir de ahí, es ese: con un hombre menos, pero con tu gente metiéndote, con un golazo al final y ante un equipo de los de arriba. Fue maravilloso.
