20 de junio de 1984, Parque de los Príncipes parisino. Aún no se había unificado una Alemania que sembraba el terror. Con Karl-Heinz Rummenigge al mando y jugadores como Harald Schumacher en la portería, Uli Stielike, Andreas Brehme, Lothar Matthaeus o Rudi Voeller. España nunca había sido capaz de derrotarla en un solo partido.
El empate le servía a Alemania para clasificarse junto a Portugal. La fortuna sonrió primero a España, con dos remates a los postes de la portería defendida por Luis Arconada, de Briegel y Brehme, pero posteriormente le dio la espalda con la gran oportunidad marrada desde el punto de penalti. Stielike había derribado a Salva dentro del área y el 'Lobo' Carrasco asumió la responsabilidad. Erró.
"Pedíamos información al banquillo y nos decían que tranquilos hasta que faltando cinco minutos nos empezaron a hacer gestos de que había que ir al ataque. Algo había cambiado en el partido entre Rumanía y Portugal. Yo dudé si subir al ataque o no, preguntaba mientras corría despacio y cuando me dijeron que para arriba pedí a Gallego que esperase. Llegué en el momento adecuado al pase de Señor", recuerda Maceda.
Se acariciaba el minuto 90. Una falta a favor de España a 40 metros de la portería la puso en juego Ricardo Gallego abriendo a banda derecha donde apareció Juan Señor que, sin pensarlo dos veces, lanzó un gran centro de diestra al espacio por donde apareció libre de marca desde segunda línea Maceda.
El movimiento de Carrasco arrastrando centrales fue clave. El testarazo con el alma. El momento de su carrera como internacional del central de Sagunto. Ya había marcado dos de los doce de la selección española a Malta y rescataba a la selección de la eliminación a minutos de producirse.
Era un capítulo más de lo que muchos bautizaban como la flor de Miguel Muñoz. El impulso al crecimiento en un torneo donde acabó acariciando el título. Antes de ese mal recuerdo ante Francia, esperaba Dinamarca tras cargarse a una de las grandes favoritas con un triunfo para el recuerdo.
