En un Real Madrid sin su referente goleador, Kylian Mbappé, reservado para la Liga de Campeones por las molestias que arrastra en la rodilla derecha, Vínicius Junior asumió el papel de actor principal. Al cansancio acumulado con el que la Real Sociedad llegó al Santiago Bernabéu, tras su gran esfuerzo en San Mamés en las semifinales coperas, le añadió el brasileño dos acciones decisivas.
Los mismos protagonistas. Dos regates distintos y dos penaltis señalados por el colegiado Hernández Maeso. En el primero encaró Vini, frenó en seco, amagó de tacón y fue barrido abajo por Aramburu. El segundo, nada más arrancar el segundo acto, que sentenciaba el partido, lanzaba un túnel y sentía el golpe abajo en tijera del defensor de la Real. La intención de dejarse caer en carrera provocó la queja de los rivales. La polémica la apagó Pellegrino Matarazzo tras su primera derrota. El contacto existe y no puede entrar el VAR.
La entrada fue peor que en un partido de menor categoría. La afición del Rayo Vallecano dio la espalda a Raúl Martín Presa y se perdieron el mejor partido del curso de su equipo. Solamente 5.335 aficionados acudieron al partido que se jugó a 15 kilómetros de Vallecas. Tras ser suspendido el duelo ante el Real Oviedo, al derbi ante el Atlético de Madrid tampoco llegó a tiempo el césped recién cambiado del estadio rayista.
El derbi del 'destierro' fue también el partido de las vergüenzas. Para el presidente Presa, que escuchó cánticos en su contra tras cada gol del equipo de aficionados que no aguantan más su dirección. También las de un Atlético de Madrid que llegaba de ofrecer una exhibición para golear al Barcelona y acariciar la final de la Copa del Rey, y que optó por no competir en LaLiga. Sin sentir ya opción alguna de pelea por el título y dedicando esfuerzos a empresas mayores, como la eliminatoria de la Liga de Campeones que encara esta semana. El 3-0 resucita al Rayo y señala a los jugadores rojiblancos que entraron en la rotación masiva de Diego Simeone.
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La tensión se respira en cada partido en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Ni se había cumplido el minuto 2 de partido y Juanlu ya pudo ser expulsado. Se salvó tras revisión pero al cuarto de hora acabó recibiendo su segunda tarjeta amarilla. El Sevilla tenía por delante un gran desafío ante un rival directo, el Alavés, y sintiendo de cerca la caída a la zona de descenso.
La evitó tras un ejercicio de supervivencia, adelantándose con un tanto de Sow en el primer acto, igualado en el segundo por Toni Martínez y salvándose de milagro de la derrota por un tanto anulado desde el VAR por el que aún buscan razones en Vitoria. En ese clima de tensión llegó la expulsión de Matias Almeyda por sus protestas. El técnico entró al campo para pedir explicaciones al árbitro Iosu Galech Apezteguía. ¿Por qué me echas? repitió hasta la saciedad. Tuvieron que llevárselo del campo, con el estadio rugiendo para ayudar al equipo a atar un punto como mal menor. La dureza del acta adelanta un duro castigo en número de partidos de sanción.
Era un derbi el del Ciudad de Valencia con sabor a final por la importancia de los puntos pese a llegar en la jornada 24. El Levante necesitaba un impulso para salir del descenso. El Valencia, un cambio de dinámica para huir de la quema. Los goles de Largie Ramazani y de Umar Sadiq daban tres puntos de oro y un respiro a Carlos Corberán, con la confianza de la directiva pero tras escuchar el sentir de Mestalla en su última derrota en casa.
Con el segundo triunfo liguero de visitante en el bolsillo, hundir al vecino en la clasificación y alejarse dos puntos del peligro, llegó el momento de celebrar con el pitido final. Eray Cömert lo quiso hacer dirigiéndose a la zona donde estaban los aficionados valencianistas. De una manera peculiar, cogiendo un banderín de córner y colocando su camiseta para ondearla. Su gesto fue interpretado como una falta de respeto por los jugadores del Levante y todo acabó en una tangana más el lanzamiento masivo de botellas desde la grada.
A los que comenzaban a dudar de José Bordalás, el técnico del Getafe les dio argumentos para enterrar la crítica. Derrotó al tercero de LaLiga, el Villarreal, con dos tantos con acento uruguayo. De penalti de Mauro Arambarri y de cabeza de Martín Satriano. Enlazó dos triunfos consecutivos y se instaló en la zona media de la tabla, con 5 puntos ya de colchón, en cuanto su directiva le dio jugadores en el mercado invernal.
El éxito del Getafe es el de Bordalás. Un técnico que comenzó el curso con una plantilla a medio hacer, teniendo que superar la venta de referentes y acogiendo a jugadores sin experiencia en la élite. Tras su queja cargada de razón, con la llegada de efectivos que aumenten el nivel de competitivo, el técnico es un experto en sacar réditos. El Coliseum celebró el regreso de la identidad de la que tan orgullosos se sienten.
