Los arquitectos españoles Borja Gómez y César Azcárate, quien ideó el nuevo estadio San Mamés del Athletic Club de Bilbao en España y la reforma del Monumental de River Plate, cuentan a EFE cómo se alcanza la vanguardia mundial con una inversión menor al promedio global de estas construcciones.
El Claro Arena, además, no es un estadio muy grande en dimensiones comparado a los de otros países que tienen un tamaño que lo duplica o triplica.
La nueva casa de la UC, no obstante, tuvo un presupuesto mayor que sus rivales en la competencia por esta distinción, pero también superó en concepto a proyectos de países como Canadá (Brown Recreation Centre), Emiratos Árabes Unidos (Saddling Boxes & Private Deck), Argentina (Plaza del Barrio Olímpico) y Colombia (el Centro de Deportes Acuáticos Salinas del Rey).
“El significado que le damos, la verdad, es que es muy muy grande. Es un medio digital muy seguido por desarrolladores en el mundo de la arquitectura y de la construcción que toma el pulso a diario con cómo están las construcciones en infinidad de países”, explica Azcárate.
El camino al galardón comenzó con una decisión estratégica del club cruzado de modernizar su cancha de San Carlos de Apoquindo (1988), al oriente de Santiago, una idea que incluyó adherirse a la tendencia global del ‘naming rights’, con la empresa de telecomunicaciones del multimillonario mexicano Carlos Slim.
“Fue elegido por sus condiciones de arquitectura, sustentabilidad y por ser un recinto multipropósito. Es el más moderno de Chile y uno de los más modernos de Sudamérica”, dijo Juan Tagle, presidente del club chileno.
En lugar de demoler y desperdiciar, el equipo optó por la autenticidad y el respeto al entorno creando un edificio con características derivadas de la lógica.
“Lo primero fue mantener todo lo que estaba bien, el reutilizar. Todo el hormigón del estadio original estaba muy bien”, explica Gómez.
El arquitecto señala que también concibieron que “todo lo nuevo se hiciera de la manera más sostenible posible, usando materiales locales con bajo contenido de carbono, como la madera chilena y acero verde trabajado con la empresa AZA”.
“Y la última 'R', reciclar: incluso el plástico de las antiguas bancas se recicló para hacer las nuevas”, añade.
El funcionamiento del Claro Arena también es un ecosistema que cuenta con una planta fotovoltaica para uso diario y utiliza energía 100% renovable en eventos masivos. Además, incorpora una planta de tratamiento de aguas grises y una reforestación del entorno con especies nativas de bajo consumo hídrico.
El estadio está flanqueado por la belleza e impacto visual de la Cordillera de los Andes, de ahí que, a diferencia de otros recintos tradicionales enclavados en ciudades que rompen el ‘skyline’, este se funde con el entorno y lo respeta.
“Ha sido una aproximación, te diría yo, más global que el hecho de hacer un edificio y ponerle como ‘gadgets’”, refiere Gómez.
Su fachada de madera no es solo ornamental. Permite que las corrientes naturales de la cordillera ventilen y refresquen el recinto de forma pasiva y, a la vez, que protejan desde el deslumbramiento a los arqueros.
“Esa integración con el entorno increíble ha dado muchos puntos a esta elección. Hasta hace 15 años, los estadios se veían solo como instalaciones deportivas, no como obras de arquitectura que se insertaran en un paisaje”, apunta Azcárate, quien forma parte de la firma española IDOM.
En ese sentido, ambos arquitectos destacan que lograrlo fue producto de un trabajo conjunto con profesionales chilenos, que participaron como parte de la empresa WSP en ingeniería y de la firma internacional IDOM, que también tiene una sede en Santiago.
Desde su reinauguración en agosto de 2025, el impacto en la cancha ha sido inmediato. Con una capacidad para 20.000 espectadores y una atmósfera de cercanía total, la UC ha ganado ocho de sus últimos nueve duelos de local.
Para el entrenador de los cruzados, Daniel Garnero, “es un estadio hermoso, modelo. Ese ambiente es muy positivo para el futbolista. Además, tiene una velocidad de balón espectacular gracias a la calidad de la superficie”.
Aunque el estadio no fue sede del Mundial Sub-20 de 2025 debido a su césped sintético (pese a contar con certificación FIFA Quality Pro), su tecnología de tercera generación ha demostrado ser un aliado para el juego rápido.
Con 25.000 metros cuadrados que incluyen áreas comerciales de alquiler permanente y salones de eventos, el Claro Arena está concebido también para ser un centro de negocios y cultura.
“Es una oportunidad estupenda para que el fútbol chileno se suba digamos a esta ola y siga invirtiendo, creciendo, mejorando las instalaciones en Chile y todas las instalaciones deportivas”, reflexiona Gómez.
“Lo vemos, en ese sentido, como auténtico y creo que esa autenticidad y el hecho de hacer un proyecto que es de primer nivel mundial en categoría de fútbol”, asegura Gómez sobre su visión de haber trabajo en la reforma del estadio chileno.
Para ambos arquitectos españoles fue, además, una experiencia laboral y personal única, en el caso de Gómez que vivió en el país por tres años.
“Es un sitio maravilloso con unos paisajes espectaculares, es una delicia al proyecto sobre todo si los trabajas desde la tierra desde el sitio en el que están, te aportan una cantidad de experiencias que es impresionante”, comenta Gómez.
Para Azcárate fue “una experiencia increíble y fantástica no sólo por el lugar, que será difícil que volvamos a tener un proyecto en un lugar tan mágico como este, sino la gente de cruzados y todos los implicados. Sin esa suma el proyecto no sale como ha terminado saliendo”.
Gómez lo resume: “uno se siente vinculado toda la vida, pero también uno lo tiene que dejar. Es la casa de los hinchas ahora”.
