El técnico belga, que acaba de cumplir 40 años, no llegó con el currículo blindado. Había dirigido al Anderlecht durante tres cursos y al Burnley durante dos, con un ascenso a la Premier League como principal aval y un descenso posterior como aviso. Ese era el equipaje. Y aun así, el Bayern pagó 10 millones por él. No por lo que era, sino por lo que intuía.
El contexto tampoco ayudaba. El verano de 2024 dejó un Bayern herido: sin títulos por primera vez desde 2011/12, superado en la Bundesliga por el Bayer Leverkusen de Xabi Alonso, eliminado en Copa por el modesto Saarbrücken, subcampeón de la Supercopa ante el Leipzig y fuera de la Champions tras caer en semifinales frente al Real Madrid. Salió Thomas Tuchel y entró Kompany entre el escepticismo general.
Pero el fútbol suele premiar a los que creen en sí mismos. Y Kompany llegó con un discurso que no era pose, sino biografía:
"Les diré algo. Nací en Bruselas, mi padre era un refugiado. ¿Qué posibilidades tenía de jugar en la Premier League o de jugar para la selección nacional? Las probabilidades eran de cero y pico. ¿Dejas de creer en ti mismo y en lo que puedes lograr por lo que dicen los demás? La mentalidad es seguir adelante y, si fracasas, fracasas".
Y no se detuvo. Seis victorias consecutivas para empezar -cuatro en Bundesliga, una en Copa y otra en Champions- y 29 goles, casi cinco por partido. Un vendaval que silenció a los críticos en cuestión de semanas. Al final del curso levantó la Bundesliga. Fue su único título, pero suficiente para agarrarse al banquillo del cuadro bávaro.
Su Bayern juega como se espera de un grande moderno: presión alta, posesión con sentido, activación inmediata tras pérdida y una estructura defensiva sólida. Hay una huella reconocible, la de Pep Guardiola, en quién se fijo en su etapa de jugador durante tres años en el Manchester City. Pero no es una copia: es una evolución.
También ha tenido ojo en el mercado. Apostó por Michael Olise desde el Crystal Palace cuando pocos lo veían claro, y ahora es una de las piezas que explican el entusiasmo bávaro. Después añadió a Luis Díaz para completar un equipo que ya no solo compite: amenaza.
Porque este Bayern camina con paso firme hacia el triplete. Está en semifinales de la Copa y domina la Bundesliga con doce puntos de ventaja sobre el Dortmund. Y en Europa asoma, de nuevo, el Real Madrid, ese juez supremo de las ambiciones continentales.
Se dirá que el éxito es de Manuel Neuer, de Joshua Kimmich, de Harry Kane o del propio Olise. Pero el fútbol, aunque se juegue con once, se ordena desde el banquillo. Y ahí, donde antes había dudas, ahora hay una certeza: Kompany. El técnico que parecía de paso se ha quedado. Y no para sobrevivir, sino para mandar.
