Ese es el hilo del que puede tirar el equipo de Álvaro Arbeloa, este miércoles ante el desafío del Bayern Múnich tras el 1-2 encajado en la ida en el Bernabéu. Porque la tradición blanca, tan generosa en su estadio, apenas ofrece refugio cuando toca remontar fuera después de haber fallado en casa.
Hay que viajar más de medio siglo atrás. Exactamente 55 años, 5 meses y 11 días. Temporada 1970/71, octavos de final de la Recopa. El Wacker Innsbruck asaltó el Bernabéu con un gol de Graussmann (0-1). Aquello dejó al Madrid contra las cuerdas. Y entonces, el 4 de noviembre de 1970, el equipo de Miguel Muñoz respondió con un 0-2 a domicilio. Marcaron Toni Grande y Manolín Bueno. Fue suficiente. Fue único. Y sigue siéndolo.
Aquel Real Madrid siguió adelante. Eliminó al Cardiff City en cuartos, al PSV Eindhoven en semifinales y alcanzó la final de Atenas. Allí le esperaba el Chelsea. Fue una final de otro tiempo: 1-1 tras la prórroga, sin penaltis, con goles de Peter Osgood e Ignacio Zoco. En el desempate, derrota por 2-1. Se escapó la única copa que falta en las vitrinas blancas. Y se despidió Paco Gento, leyenda irrepetible que disputó su último partido con la camiseta blanca.
Aquella generación de Amancio, Pirri, Velázquez, Benito, Grosso y Zoco se quedó con ese mérito singular: ser la única capaz de levantar una eliminatoria europea tras perder en el Bernabéu y rematarla fuera. Nadie más lo ha logrado.
Después hubo intentos. Seis. Ninguno prosperó. Primero, el PSG en la Recopa 1993/94: 0-1 en Madrid, 1-1 en el Parque de los Príncipes. Eliminación. Luego, ya en la Copa de Europa moderna: Bayern, en semifinales de 2000/01 (0-1 y 2-1); Arsenal, en octavos de la 2005/06 (0-1 y 0-0); Liverpool, en octavos de la 2008/09 (0-1 y 4-0); Barcelona, en semifinales de la 2010/11 (0-2 y 1-1); y Manchester City en los octavos de la 2019/20 (1-2 y 2-1). Todos con el mismo final: frustración.
La historia no invita al optimismo. Pero el fútbol del Real Madrid no suele atender demasiado a la estadística cuando huele la necesidad. Además, hay recuerdos más recientes en Múnich que sirven de consuelo: el 0-4 de 2014, una de las grandes noches europeas del club madridista, y el 1-2 de 2017, que al menos llevaría la eliminatoria a la prórroga.
No es mucho. No es comparable a la épica del Bernabéu. Pero es algo. Aun así, el único precedente real, el único clavo ardiendo, sigue siendo aquel 0-2 en Innsbruck. Tan lejano que casi se ha desvanecido de la memoria colectiva. Y, sin embargo, ahí está, esperando a que alguien lo rescate del olvido. El Real Madrid de Arbeloa, sin duda, lo intentará.
