El partido, un derbi aragonés de máxima tensión porque ambos equipos se juegan la permanencia en la Segunda División, acabó de forma abrupta después de que, con 1-0 en el marcador a favor del Huesca, Andrada fuese expulsado por empujar a Pulido, en el minuto 98. Nada más ver la tarjeta roja el arquero argentino perdió el control y busco al capitán del Huesca para propinarle un puñetazo en la cara, lo que provocó una pelea entre jugadores de ambos equipos.
"Los hechos registrados en ese tramo final del partido no se corresponden con los valores del deporte ni con los principios que defiende nuestra entidad", ha asegurado el club oscense en un comunicado en el que añade que este tipo de comportamientos no tienen cabida en el fútbol y se alejan del respeto y la deportividad que deben imperar en la competición.
La Sociedad Deportiva Huesca acepta las disculpas expresadas por el Real Zaragoza tras lo sucedido y considera que estos hechos no deben empañar lo que representa este encuentro, una cita de especial relevancia dentro del fútbol aragonés entre sus dos principales equipos.
En el comunicado, la SD Huesca reafirma su compromiso de mantener una relación con el Real Zaragoza basada en la cordialidad, la cercanía y el respeto, a la altura de lo que representan ambas entidades para el fútbol aragonés.
