A esta fiesta deportiva, a la que acudieron familias enteras, coincidiendo con las vacaciones del curso escolar, se sumaron seguidores angelinos y, sobre todo, mexicanos, quienes aportaron un extra de animación, con sus conocidos cánticos mariachis.
Entre ellos se encontraba Carla Pérez, una aficionada puertorriqueña residente en la ciudad que pagó unos 230 dólares por su entrada, al ser el encuentro más económico para vivir la experiencia mundialista en directo.
Con aficiones repartidas a partes iguales en los exteriores del recinto, las banderas se entremezclaban en un ambiente pacífico, en el que ambos aficionados, en un gesto de cordialidad y respeto, se daban la mano para desearse un buen partido y se sacaban fotos juntos.
Entre la estampa abundaban niños con la camiseta de los dragones bosnios corriendo junto a pequeños con la cruz suiza en la mejilla, disfrutando de un oasis de fútbol en pleno verano californiano.
