El conjunto dirigido por Luis de la Fuente será la prueba más exigente para Valverde. Uruguay llega contra las cuerdas después de empatar frente a Arabia Saudí (1-1) y Cabo Verde (2-2). Ya no hay margen para el error. Sólo una victoria aseguraría evitar una despedida prematura y mantener con vida a una selección que hace apenas unos meses aspiraba a competir con cualquiera.
La responsabilidad recae, en gran medida, sobre Valverde. Tras el adiós de la generación que marcó una época -Luis Suárez, Edinson Cavani y Diego Godín, con Suárez resistiendo hasta la Copa América de 2024-, el centrocampista del Real Madrid asumió el liderazgo junto a José María Giménez. Le tocó recoger el testigo de una selección acostumbrada a competir por encima de sus posibilidades y convertirse en la referencia de un equipo que busca un nuevo tiempo.
Hasta ahora, el Mundial le ha reservado un papel discreto. No ha jugado mal, pero todavía no ha encontrado ese partido que distingue a las grandes figuras.
Frente a Arabia Saudí fue uno de los mejores de Uruguay. Condujo más que nadie, rompió líneas con facilidad y sostuvo el ritmo ofensivo cuando el equipo se atascaba. Sólo le faltó el acierto en los últimos metros. Tuvo la ocasión más clara de Uruguay para desnivelar el marcador y terminó siendo elegido mejor jugador del encuentro por la FIFA.
Contra Cabo Verde asumió todavía más responsabilidad. Entendió que la obligación de ganar exigía un paso al frente y se multiplicó cerca del área rival. Acumuló tres remates, fue uno de los futbolistas que más intervino en el último tercio del campo y participó en la acción previa al gol de Agustín Cannobio. Pero, una vez más, el esfuerzo individual chocó con los errores defensivos de Uruguay.
Los dos encuentros dibujan bien el momento de Valverde. Ante Arabia fue el futbolista que dio sentido al juego de la Celeste. Frente a Cabo Verde ejerció de agitador, empeñado en cambiar el rumbo del partido. En ambos casos, su rendimiento individual resultó insuficiente para evitar que Uruguay sumara únicamente dos puntos de seis posibles.
Marcelo Bielsa, sin embargo, mantiene intacta su confianza en el centrocampista. Es una pieza irrenunciable de su proyecto y nunca ha escatimado elogios hacia él.
Incluso se ha permitido compararlo con algunos de los mejores centrocampistas del panorama internacional: "Genera jugadas decisivas por la derecha, pero también lo hemos visto realizar desmarques y asistencias por la izquierda. Eso lo diferencia de Pedri y Vitinha. Ninguno de ellos posee esa versatilidad. Sin duda, está entre los mejores del mundo", afirmó a finales de marzo.
Mientras España espera, el contexto tampoco ayuda. El recuerdo de los incidentes con Tchouaméni aún sobrevuela el final de temporada del Real Madrid y Uruguay tampoco ha encontrado la paz alrededor de Bielsa.
El técnico argentino cerró la Copa América 2024 rodeado de críticas. Luis Suárez admitió que le dolía el clima que, a su juicio, se había instalado en la selección. Un año después, tras la dura derrota por 5-1 frente a Estados Unidos, Bielsa volvió a escuchar voces que reclamaban su salida. Resistió. Pero su equipo vuelve a caminar por el alambre.
Valverde también. Mientras el ruido sobre el fichaje de Bernardo Silva o el posible de otro centrocampista como el argentino Enzo Fernández acompaña la planificación del Real Madrid, el centrocampista afronta un partido que puede cambiar el relato de su verano.
España representa mucho más que el último rival de la fase de grupos. Es la oportunidad de recordar por qué Bielsa le considera uno de los mejores futbolistas del mundo o de prolongar un momento incómodo que comenzó con el final de la temporada en el Bernabéu.
Frente a España no habrá red. Sólo noventa minutos para volver a ser el Valverde que durante tanto tiempo pareció inmune a cualquier tormenta.
