El fervor por Ronaldo se dejó sentir desde la llegada del equipo al aeropuerto internacional Pearson de Toronto, continuó en el hotel de concentración de Portugal, en el centro de la ciudad, y se trasladó después a Centennial Park, en los suburbios de la ciudad, donde la selección de Roberto Martínez realizó su entrenamiento previo al encuentro de hoy.
La expectación llegó incluso a alterar el tráfico de Toronto. Centenares de aficionados se apostaron en el arcén de la autopista 427 para ver pasar el autobús de la selección portuguesa, lo que obligó a cerrar temporalmente varios carriles y provocó retenciones en la zona.
La Policía Provincial de Ontario advirtió de los riesgos de detenerse en el arcén de una autopista y pidió a los conductores que evitaran el área. La situación quedó normalizada poco antes de las 15.00 hora local.
Más tarde, el hotel donde se aloja la selección fue rodeado por centenares de personas que corearon el nombre de la estrella portuguesa.
La fiebre por Ronaldo tiene en Toronto un componente comunitario. En el área metropolitana viven unas 140.000 personas de ascendencia portuguesa, una de las comunidades de origen europeo más visibles de la ciudad, especialmente en sus barrios del oeste.
Para muchos de esos aficionados, el partido ante Croacia supone una oportunidad irrepetible de ver a Portugal disputar una eliminatoria mundialista en su ciudad y, quizás, de asistir a una de las últimas apariciones en una Copa del Mundo de Cristiano Ronaldo.
El elevado precio de las entradas en la reventa, de hasta 30.000 dólares canadienses (unos 21.100 dólares estadounidenses) ha dejado a muchos seguidores fuera del estadio, pero no ha frenado la movilización.
Para este jueves está prevista una marcha de aficionados portugueses hacia el Toronto Stadium, donde Portugal y Croacia se medirán en un duelo marcado también por el enfrentamiento entre Ronaldo y Luka Modric.
