Aunque sea fuera del Metropolitano, en San Mamés, con él de inicio como suplente, alejado de su hinchada, el foco está sobre él; abroncado como fue en su única participación con el conjunto rojiblanco en este curso hasta ahora, en su campo el pasado 23 de agosto ante al Villarreal, cuando entró en el minuto 66, y a la espera de su regreso a su estadio: el miércoles 16 de septiembre contra Osasuna, en la sexta jornada liguera.
Hasta entonces, ‘La Araña’ y el Atlético, ‘reunidos’ de nuevo, tienen tres encuentros como visitante, lejos del ruido de la hinchada, dolida por el comportamiento del ‘19’ en este verano. El punto de inflexión fue el pasado 22 de junio, con su “deseo” de ser “transferido” para cumplir un “sueño”, que no era otro que el Barcelona. Pero después insistió en esa idea, ya privadamente, hasta que la realidad le hizo ver ya en los últimos días del mercado que era imposible vestirse de azulgrana y, entonces, sí decidió seguir de rojiblanco.
Ahora es un reinicio necesario y obligado, con él mismo y con su afición. Desde San Mamés en adelante, también con el Liverpool en Anfield, en la primera jornada de la primera fase de la Liga de Campeones el miércoles próximo y el choque contra la Real Sociedad en San Sebastián, al domingo siguiente, antes del reencuentro de nuevo con el Metropolitano.
Su continuidad ya es segura en esta temporada. Y Diego Simeone y el Atleti lo exigirán al máximo. El objetivo es recuperarlo en toda su dimensión, fuera de toda la polémica del verano. En cada declaración pública, ya sea de Simeone, el entrenador, o Miguel Ángel Gil Marín, el consejero delegado, la palabra que más suena es “ayudar” al futbolista para alcanzar su mejor versión con el conjunto rojiblanco, como hizo en su primera temporada y en algunos tramos de la segunda. Son 49 goles en 107 duelos en el equipo.
Desde el pasado domingo lleva de nuevo con el grupo. Todas esas circunstancias, con momentos en los que lo ha pasado “realmente mal”, según expuso Gil Marín a Movistar cuando se ausentó de los entrenamientos con la citada indisposición, no le han permitido aún alcanzar su mejor ritmo físico de competición, para el que se prepara en la actualidad.
Julián Alvarez sigue un plan colectivo, pero también individualizado. Aparte de los entrenamientos con el grupo, después casi de cada sesión en el Centro Deportivo de Majadahonda tiene una preparación añadida de forma específica a las órdenes de Luis Piñedo, preparador físico del Atlético de Madrid. A veces con un compañero, como su compatriota y amigo Cristian ‘Cuti’ Romero, o varios más, que también necesitan esa evolución física, y otras con él en solitario.
La competición no espera. Sigue su curso. Y el Atlético necesita a Julián Alvarez, hasta ahora suplente contra el Villarreal, entonces por falta de rodaje, y ahora de nuevo, previsiblemente, contra el Athletic Club, por el mismo motivo. Porque él, en plenitud y condiciones físicas, es seguramente un titular indiscutible en el esquema de Simeone.
En cualquier caso, no es simplemente una vuelta a empezar en el equipo con el que mantiene un contrato en vigor hasta el 30 de junio de 2030, con una cláusula de rescisión de 500 millones de euros, sino también debe reconquistar a la afición. Un asunto ajeno ya a lo deportivo. Una cuestión muy compleja. Necesita mucho más que rendimiento y goles, quizá gestos y demostración sobre el terreno y fuera de él; pruebas irrebatibles de su reinicio en el Atleti.
Hay un ejemplo reciente: Antoine Griezmann, entre las distintas circunstancias y diferencias de un caso a otro. En el del francés, que se fue del Atlético al Barcelona mediante el pago de la cláusula de rescisión por 120 millones de euros en 2019, después volvió por deseo propio al conjunto rojiblanco. En el del argentino, su deseo ha sido irse al Barcelona durante este verano. Son dos perspectivas que alejan una situación de otra, pero tienen ciertas similitudes.
Griezmann reconquistó a la afición partido a partido. Le costó. Su primera temporada no fue del nivel que acostumbró antes o después. Pero, detalle a detalle, gol a gol, expresando insistentemente su amor al Atlético, volvió a ser considerado por la afición uno de los suyos para despedirse como una leyenda del club, con más goles que nadie, 212, y 501 partidos, entre el calor, el agradecimiento y el apoyo de 70.000 personas en su adiós y su tributo en el Metropolitano.
“Sabía que (la afición) me iba a esperar, porque había hecho mucho daño (cuando se fue al Barcelona). Yo también estaba enfadado conmigo mismo. Al final, trabajar, estar calladito. Los primeros meses me hacía pequeño. No era el Griezmann que se había ido. Para mí era normal, te la comes, trabajas y ya está”, contó entonces el atacante francés.
Y le dio un consejo Fernando Torres, leyenda adorada del Atlético. “Le pedí consejo por todo lo que era para el aficionado del Atleti y el club. 'A ti no te van a decir nada si fallas goles, si no metes gol; tienes que dejar todo en el campo y te van a respetar y estar detrás tuyo mientras dejes todo en el campo'. El primer año no metía muchos goles, pero vieron que dejaba todo en el campo. Y empezamos a tener esa conexión que me encanta tener con mi gente", recordó Griezmann. Con Julian Alvarez es aún una incógnita.
