La derrota del Real Madrid ante el Betis en La Cartuja (1-0) ha concretado algo que se veía venir: la amenaza, curiosamente, ha cambiado de banda. Diomande llegó al Real Madrid para elevar una competencia que parecía conducir inevitablemente hacia Güler. Dos jugadores para una plaza, la del costado derecho, con el turco obligado a defenderla ante uno de los grandes fichajes del verano. Cuatro jornadas después, aquella discusión empieza a quedarse vieja. Güler ha encontrado en el campo el mejor argumento para cerrarla.
El estadio del Betis ofreció una buena fotografía de esa nueva realidad. Güler volvió a ser uno de los futbolistas más inspirados del conjunto blanco y Mourinho sólo prescindió de él en el minuto 63, amonestado y después de una acción que amenazó con dejar al Real Madrid con diez. La primera tarjeta, excesiva, sirvió para que el árbitro le perdonara la segunda, muy clara. Entró entonces Diomande. Vinícius, en cambio, permaneció hasta el final. También cuando el técnico agotó los cambios en busca de un empate que nunca llegó.
No fue un partido vacío del brasileño. Remató al palo, dejó a Mbappé ante una ocasión clarísima, puso el centro que acabó en la espectacular chilena anulada a Carlos Espí y provocó el penalti del descuento. Hubo acciones, pero no continuidad; apariciones, pero poco dominio. Bellerín logró contenerle durante largos tramos y Vinícius volvió a parecer lejos de aquel futbolista al que bastaban unos metros y un balón para poner patas arriba un partido.
Ahí empieza a asomar una competencia que hace unas semanas nadie planteaba. Mbappé conserva una jerarquía indiscutible, Bellingham la sostiene con su rendimiento y Güler se está haciendo imprescindible. Diomande necesita un sitio y el camino hacia el once ya no conduce necesariamente hacia el turco. Empieza a mirar hacia el otro costado, precisamente donde Vinícius conserva todavía un crédito enorme, ganado durante años, pero cada vez más necesitado de nuevos argumentos.
La condición de intocable de Vinícius no nació con Mourinho. Se la ganó durante años, hasta alcanzar una dimensión que le llevó a discutir el Balón de Oro y a convertirse en uno de los grandes símbolos del Real Madrid. El curso 2023/24, que culminó con un gol en la final de la Liga de Campeones ante el Borussia Dortmund, elevó al brasileño al escalón de los futbolistas alrededor de los que se construye un equipo. Entonces no había debate porque tampoco había motivos para tenerlo.
Desde aquel pico, sin embargo, Vinícius ha ido perdiendo influencia. La llegada de Mbappé desplazó inevitablemente parte del peso ofensivo hacia el francés y el brasileño dejó de gobernar el ataque como antes. Es capaz de romper un partido en una arrancada, pero sus apariciones decisivas se han espaciado y también aquella sensación de amenaza permanente que obligaba al rival a preparar buena parte del encuentro pensando exclusivamente en cómo detenerle.
Mourinho, por ahora, no ha trasladado esa pérdida de influencia a sus decisiones. Vinícius continúa instalado entre los elegidos y ante el Betis volvió a completar el encuentro mientras a su alrededor cambiaban las piezas. La apuesta tiene lógica: pocos futbolistas ofrecen un techo comparable al del brasileño cuando recupera su mejor versión. Pero también empieza a tener un coste, porque en el banquillo espera un jugador fichado precisamente para aumentar las posibilidades ofensivas del equipo.
Diomande representa esa presión nueva. Su problema inicial parecía llamarse Güler, pero el turco ha respondido apropiándose del puesto a base de fútbol. Cada buena actuación de Arda reduce el espacio disponible para el marfileño y, al mismo tiempo, dirige inevitablemente la mirada hacia Vinícius.
Mourinho, además, empieza a poner palabras a lo que Güler se está ganando en el campo. Ante el Betis reconoció lo que ya resulta evidente: "Difícil cambiar a Arda, sí. Muy difícil. Porque estaba jugando muy bien". Su sustitución respondió a la amarilla que arrastraba y al riesgo de una segunda, no a su rendimiento. Un matiz importante para Diomande: el marfileño entró porque las circunstancias sacaron al turco, no porque le hubiera ganado el sitio.
Ese es el nuevo paisaje del ataque del Real Madrid. Mbappé no se discute, Bellingham mantiene su peso y Güler ha pasado de aspirante a imprescindible. Diomande sigue esperando y la competencia, que parecía concentrada en la derecha, empieza a buscar sitio en el otro costado. Mourinho todavía no ha planteado una elección entre el marfileño y Vinícius y quizá sea pronto para hacerlo. Pero el brasileño ya no juega rodeado del vacío que protege a los indiscutibles. Mientras Güler crece y Diomande espera, la jerarquía de Vinícius mengua.
