El factor precio: Entradas por encima de los 2.000 dólares
La principal causa de la baja demanda parece ser el costo financiero para los aficionados. Las entradas más baratas disponibles para este duelo, que tendrá lugar el 12 de junio en el SoFi Stadium de Los Ángeles, superan los 2.000 dólares en las plataformas de venta especializadas. Este elevado precio ha provocado que solo se hayan vendido 40.934 entradas hasta el pasado 10 de abril, según el documento distribuido a los organizadores locales citado por el diario de Nueva York.
La situación resulta especialmente llamativa al compararse con otros encuentros programados en la misma sede. La cifra de ventas para el debut estadounidense es inferior a los 50.661 boletos ya colocados para el choque entre Irán y Nueva Zelanda, que se celebrará en el mismo estadio el 15 de junio; un partido que, a priori, debería generar menos pasión en Estados Unidos pero cuyos precios más bajos superan los 400 dólares. Con una capacidad total de 70.000 espectadores, el estreno de uno de los anfitriones apenas había llenado un 58% de su aforo al cierre del reporte, aunque el documento no especifica si el conteo incluye paquetes especiales VIP o sectores que aún no han estado disponibles para el público general.
Una logística de altos costos para el aficionado
El proceso de venta para el Mundial, que se disputará del 11 de junio al 19 de julio en Canadá, Estados Unidos y México, ha estado bajo la lupa desde septiembre por sus elevados precios. Los gastos adicionales para los hinchas también presentan cifras críticas, ya que el precio de los estacionamientos en los estadios asciende a más de 200 dólares para varios partidos.
Por otro lado, la movilidad representa otro gasto significativo: los billetes de ida y vuelta desde la ciudad de Nueva York para asistir a los encuentros en el estadio MetLife, situado en Nueva Jersey, costarán 150 dólares. Este escenario plantea un desafío mayúsculo para la FIFA, que busca asegurar estadios llenos en un torneo marcado por una barrera económica que, hasta ahora, parece distanciar al público general del espectáculo mundialista.

