La Selección Argentina metió un triunfazo por 3-0 ante Argelia con un Lionel Messi en modo leyenda. El capitán se cargó el equipo al hombro y, con un triplete, no solo aseguró los tres puntos, sino que alcanzó al alemán Miroslav Klose como el máximo goleador en la historia de los Mundiales. Un logro que, sin embargo, compartió el protagonismo de la noche con una polémica total que sigue dando de que hablar el día después del partido.

El partido todavía estaba abierto y la ventaja era mínima. Argentina ganaba 1-0 gracias al primer festejo del futbolista del Inter Miami de la Major League Soccer, pero Argelia vendía cara la derrota. Fue en ese preciso instante, a los 31 minutos, cuando el guion del encuentro estuvo a milímetros de romperse por completo.
La “pulga” fue a disputar una pelota y terminó derribando con dureza al capitán argelino, Aïssa Mandi. Lo que en principio nació como una falta táctica para cortar el avance rival y mantener el orden defensivo, se transformó en drama cuando las cámaras mostraron el punto de impacto: los tapones del astro argentino terminaron impactando la pantorrilla y el talón derecho del rival. Con el reglamento en la mano, esa imprudencia hizo que la tarjeta roja sobrevolara el estadio.
La terna arbitral polaca quedó inmediatamente en el ojo de la tormenta. Szymon Marciniak, el juez principal, cobró la infracción pero decidió no mostrar ninguna tarjeta. La tensión se trasladó a las cabinas, donde Tomasz Kwiatkowski lideraba el VAR. Tras repasar las imágenes, el cuerpo tecnológico decidió respetar la decisión de campo al considerar que no hubo un error claro y manifiesto por parte de Marciniak. Bajo ese umbral de interpretación, el VAR prefirió no intervenir y dejó el partido once contra once.

Nadie puede ocultar lo obvio: Messi tuvo suerte en esa acción especifica. En un partido de máxima exigencia, una entrada tan a destiempo y con los tapones en una zona tan vulnerable suele pagarse con la roja directa. Fue una acción totalmente innecesaria que expuso al capitán a una sanción severa y que vuelve a encender el debate sobre la consistencia disciplinaria y los criterios del VAR en jugadas grises.

