¿Sigue vivo el legado de la Generación de Oro de Bélgica?

El portero Thibaut Courtois de Bélgica (C) y sus compañeros saludan a los aficionados tras ganar el partido de los octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Estados Unidos y Bélgica, en Seattle, Washington, EE. UU..
El portero Thibaut Courtois de Bélgica (C) y sus compañeros saludan a los aficionados tras ganar el partido de los octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Estados Unidos y Bélgica, en Seattle, Washington, EE. UU..STEPHEN BRASHEAR

Cuando Bélgica armó las maletas en la fase de grupos del Mundial de Qatar 2022, el país entero asumió el fin de una era. Un Kevin De Bruyne lapidario al confesar que eran “demasiado viejos”, la dimisión inmediata de Roberto Martínez y el adiós con las manos vacías de la camada más brillante de su historia parecían el final.

Cuatro años después, el fútbol belga afronta su primer gran examen de supervivencia en el Mundial 2026. Porque la “Generación de Oro” no solo buscaba ganar; su verdadera misión era transformar las bases del país para las siguientes generaciones.

La herencia de los 19 millones de euros

El histórico tercer puesto en Rusia 2018 no fue la meta, sino el trampolín. Aquella hazaña inyectó 19 millones de euros “extra” a las arcas de la federación respecto a lo previsto, un superávit que el técnico español Roberto Martínez —quien asumió poderes que iban mucho más allá del banquillo— utilizó para revolucionar las estructuras.

Martínez ideó el Hall of Fame para los futbolistas con más de 100 internacionalidades, modernizó la Federación, impulsó la sofisticada ciudad deportiva de Tubize, profesionalizó el análisis de datos e instauró una metodología unificada desde las categorías inferiores.

El secreto del éxito: Un modelo multicultural

Esta metamorfosis, sin embargo, viene de un golpe anterior: la Eurocopa 2000. Tras el fracaso como organizadores junto a Países Bajos, Bélgica reformó por completo su modelo de formación y tomó una decisión clave: abrir de par en par las puertas a una sociedad cada vez más multicultural que hoy es seña de identidad del país. Según datos de 2024 de la oficina oficial de estadística Statbel, el 36% de los habitantes de Bélgica son de origen extranjero.

El belga Kevin De Bruyne en acción durante el partido de la fase de grupos de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Nueva Zelanda y Bélgica, en Vancouver, Canadá.
El belga Kevin De Bruyne en acción durante el partido de la fase de grupos de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Nueva Zelanda y Bélgica, en Vancouver, Canadá.

Apostar por los hijos de inmigrantes nacidos en el país requirió paciencia. El peaje fue durísimo: Bélgica desapareció del mapa internacional al ausentarse de cinco grandes citas consecutivas entre 2002 y 2014. Pero la espera valió la pena. De esa política de integración nacieron leyendas de la talla de Kompany, Hazard, Courtois, Witsel, Fellaini, Lukaku o De Bruyne, protagonistas de una generación que devolvió al país a la élite durante casi un decenio.

El último baile de los sobrevivientes y la nueva guardia

Hoy, el panorama ha cambiado radicalmente. De las megaestrellas de aquella época, solo Thibaut Courtois se mantiene indiscutiblemente como uno de los mejores del mundo en su posición.

El guardameta belga Thibaut Courtois celebra el primer gol del equipo, durante el partido de octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Estados Unidos y Bélgica en el Seattle Stadium.
El guardameta belga Thibaut Courtois celebra el primer gol del equipo, durante el partido de octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Estados Unidos y Bélgica en el Seattle Stadium.

Por su parte, Kevin De Bruyne, tras cerrar su primera temporada en el Nápoles luego de su histórico paso por el Manchester City, venía siendo el motor titular en este torneo, aunque unas molestias musculares lo tienen en duda para el choque crucial. Al mismo tiempo, Romelu Lukaku asume ahora el rol de suplente bajo el mando de Rudi García, aunque sigue siendo clave en este Mundial tras registrar dos goles y una asistencia.

El belga Romelu Lukaku celebra el segundo gol del equipo, anotado por Youri Tielemans, durante el partido de dieciseisavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Bélgica y Senegal en el Seattle Stadium.
El belga Romelu Lukaku celebra el segundo gol del equipo, anotado por Youri Tielemans, durante el partido de dieciseisavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Bélgica y Senegal en el Seattle Stadium.

Detrás de ellos aparece el relevo generacional. El mediocampista Youri Tielemans ya ejerce como el capitán y líder del grupo, mientras una camada de jóvenes talentos compuesta por Jeremy Doku, Charles De Ketelaere, Zeno Debast y Maxim De Cuyper ansía dar ese gran salto de nivel que caracterizó a la vieja guardia.

Captación de talento sin fronteras: El caso Fernández-Pardo

Para expandir su universo de jugadores, Bélgica ha perfeccionado la captación de futbolistas con doble nacionalidad. El ejemplo más fresco es Matías Fernández-Pardo. El atacante del Lille estuvo a un paso de jugar para España en la categoría Sub-21, pero la federación belga logró seducirlo para completar el proceso de cambio de federación deportiva.

El belga Matias Fernandez-Pardo en acción durante el partido de la fase de grupos de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Nueva Zelanda y Bélgica, en Vancouver, Canadá.
El belga Matias Fernandez-Pardo en acción durante el partido de la fase de grupos de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Nueva Zelanda y Bélgica, en Vancouver, Canadá.

El destino es caprichoso: este viernes, el delantero se medirá en un duelo a todo o nada precisamente ante el país que pudo haber representado. Tras una primera fase cargada de dudas, Bélgica ya considera un éxito estar en estas instancias. Cuatro años después del colapso de Qatar, el millonario legado de su Generación de Oro se juega su verdadera reválida para demostrar que el país sigue perteneciendo a la élite del fútbol mundial.

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