Alfaro y la “procesión de fe”: el emotivo relato del trayecto al Defensores del Chaco

El bus que transporta a la delegación de la selección paraguaya de fútbol, pasando entre la multitud por el Mercado 4.
El bus que transporta a la delegación de la selección paraguaya de fútbol, pasando entre la multitud por el Mercado 4.

En una entrevista con la Conmebol, Gustavo Alfaro, entrenador de la selección paraguaya de fútbol, se detuvo a analizar un fenómeno que trasciende lo táctico: la comunión recobrada entre el pueblo y su equipo. El estratega argentino describió con asombro y sensibilidad lo que representa el trayecto desde el Centro de Alto Rendimiento en Ypané hasta el estadio Defensores del Chaco, un recorrido que se ha convertido en un termómetro de la ilusión nacional.

Para Alfaro, estos momentos de conexión popular son oasis en una profesión de alta presión. “La verdad que fue muy fuerte, son esos lindos regalos que te da esta profesión. En el fútbol, por lo general, es más padecer que disfrutar; son más los momentos que tenemos que padecer que los que tenemos el privilegio de disfrutar, y esos son los momentos que uno atesora y guarda”, comenzó reflexionando.

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El técnico recordó cómo fue creciendo ese sentimiento desde su llegada: “Nos pasó después de jugar el primer partido con Uruguay, que habíamos empatado 0 a 0. Teníamos que hacer el recorrido desde Ypané hacia el Defensores del Chaco. Me contaban todo lo que se vivía, lo que fue aquel 2010 y cómo se vivía ese camino, ese recorrido a ese templo que tenemos que es el Defensores del Chaco. Ya ese día con Uruguay la gente, no en esa cantidad pero sí en buen número, ya estaba en la calle con la bandera. A medida que fueron pasando los partidos, esos costados se fueron llenando: padres con criaturas en los hombros, madres con bebés en brazos, abuelos... personas que querían ver ese instante donde pasaba el colectivo con ese grupo de muchachos que llevaban el sentimiento de un país”.

Una hora y media de pura emoción

Uno de los momentos más destacados de su relato fue la previa del duelo ante Ecuador, donde los tiempos logísticos se vieron desbordados por el fervor popular. “Recuerdo que en ese último partido, antes de jugar con Ecuador, normalmente el trayecto nos tomaba entre 30 y 40 minutos porque tenemos la escolta policial. Dijimos: ‘Bueno, vamos a tomar un poco más, entre 50 minutos y una hora’. Tardamos una hora y media en llegar al Defensores del Chaco. En un momento el profe estaba preocupado, pero yo le dije: ‘Profe, disfrutá, disfrutá que esto es increíble’. Ver esa emoción, ver esa pasión de la gente, ese sentimiento, ver lágrimas...”, relató Alfaro.

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Desde su lugar en el bus, el DT pudo observar escenas que marcaron su visión del hincha paraguayo: “Yo estoy sentado en el asiento de abajo y, claro, de afuera no se ve, pero nosotros vimos todo. Ver padres con criaturitas con los ojos abiertos mirando esa inmensidad, como diciendo ‘yo estuve presente en ese espacio’. Uno le decía al chofer del bus: ‘Despacio, tranquilo’, porque si no da la sensación de que a uno no le importa la gente. Ojalá hubiésemos parado para bajarnos a abrazarnos con ellos, porque era una procesión de sentimiento. Era una procesión de fe —sin faltarle el respeto a la fe—; era creer en la selección. Ese es un amor incondicional que te dan sin nada a cambio”.

El peso de la responsabilidad y el compromiso

Consciente de la volatilidad del éxito, Alfaro expresó su respeto por el cariño recibido y la responsabilidad que conlleva. “Por eso a mí me pone en una situación muy difícil. Yo siempre digo que los afectos ganados son provisorios y que los perdidos suelen ser para siempre. Cuando uno gana los afectos, tiene que cuidarlos, y mi temor es que el día de mañana yo pierda ese sentimiento que hoy la gente me regala a mí personalmente y le regala a la selección en general. Pero esa vivencia fue extraordinaria, fue única: lágrimas en los ojos de la gente grande, la pasión, las ganas de querer estar, el orgullo de ver a la gente con la camiseta puesta”, confesó.

Finalmente, se refirió al impacto que genera saber lo que la selección significa para el Estado y la sociedad, mencionando incluso la promesa de un feriado nacional si se logra el objetivo: “Incluso cuando viene el presidente de la Nación y nos dice: ‘Si Paraguay clasifica a la Copa del Mundo, es feriado nacional’. Los muchachos decían: ‘Es imposible, ¿cómo van a generar un feriado nacional?’. Pero es el sentimiento de un país, la responsabilidad del sentimiento de un país. Ver esa multitud, esa masa de camisetas rojas y blancas festejando fue algo muy fuerte, algo único que ojalá tenga el privilegio de volver a vivir en un Mundial. Tuve el privilegio de vivirlo acá; son esas victorias que no tienen resultados, pero que son categóricas, porque son transferencias de sentimiento de un pueblo hacia un grupo de jugadores que está representando la idiosincrasia de un país”.