La premisa de la matriz del fútbol paraguayo es que el proceso debe prevalecer sobre el marcador de turno. De acuerdo con fuentes internas, la renovación no estará supeditada al desempeño en la próxima Copa del Mundo. Incluso ante el escenario más pesimista, como una eliminación en fase de grupos sin sumar puntos, la intención de la dirigencia es mantener a Alfaro al frente del equipo. Esta postura marca un quiebre con la inmediatez habitual, priorizando la estabilidad institucional y deportiva por encima de la coyuntura de un torneo corto.
Aunque el proceso ya está en marcha, este primer contacto oficial se centró exclusivamente en la estrategia y el marco general del acuerdo, dejando para una etapa posterior las pretensiones económicas. Para garantizar la fluidez de las conversaciones, la Asociación ya habría nombrado a un dirigente específico encargado de liderar las negociaciones y actuar como nexo directo con el cuerpo técnico argentino.
El horizonte que aparece sobre la mesa no es una extensión breve, sino un plan de cuatro años adicionales. El objetivo central es blindar el proceso de cara al Mundial 2030, una cita donde Paraguay asumirá un rol histórico como una de las sedes. Con este movimiento, la APF busca adelantarse al calendario y evitar que las urgencias externas condicionen el futuro de la Albirroja, apostando por una hoja de ruta integral que devuelva al equipo a los primeros planos de manera sostenida.
Del golpe en la Copa América 2024 al cambio de rumbo con Alfaro
La llegada de Alfaro se explica, en buena medida, por el punto de quiebre que vivió la selección en 2024. El entrenador argentino asumió tras una Copa América decepcionante, en la que Paraguay, dirigida entonces por Daniel Garnero, no sumó puntos. En ese recorrido figura incluso el antecedente del partido ante Costa Rica en la última fecha de la fase de grupos, selección que estaba conducida por el propio Alfaro. Tras ese torneo disputado en Estados Unidos, la APF optó por un giro de timón: el argentino fue elegido para reencauzar el momento del equipo y poner el foco en el objetivo prioritario.
El objetivo principal con el que Alfaro tomó el mando fue clasificar a la Copa del Mundo, meta que terminó alcanzando. Los números describen una campaña sólida: seis triunfos, cinco empates y apenas una derrota. En términos de posiciones, Paraguay finalizó sexto con 28 puntos, los mismos que el tercero Colombia, el cuarto Uruguay y el quinto Brasil, y quedó a un punto del segundo, Ecuador. Esa producción aparece como el respaldo central del proceso y, a la vez, como el contexto inmediato en el que se activa la discusión por la prolongación contractual.

