Paraguay está a un paso de asegurar su lugar en la siguiente ronda del Mundial 2026, pero Gustavo Alfaro no maquilla la realidad con resultados. En una conferencia de prensa tras el cruce ante Australia, el argentino invitó a realizar un análisis profundo del fútbol local, corriendo el foco del simple debate táctico para desnudar una cruda brecha de jerarquía internacional y cotización de mercado.
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Lejos de conformarse, el seleccionador de la Albirroja puso números sobre la mesa para explicar las marcadas diferencias económicas y de roce competitivo que separan a su plantel de los rivales directos del grupo, advirtiendo que la toma de decisiones en la cancha es algo que solo otorga la experiencia en el Viejo Continente: “Por algo digo que si tenemos buenos jugadores —no tengo duda de que contamos con buenos futbolistas—, al mirar las valoraciones de los planteles nos damos cuenta de nuestra realidad. Por ejemplo, estamos parejos con Australia, pero la diferencia es de cuatro a uno con respecto a Turquía y a Estados Unidos. Esto no ocurre porque sí; eso se llama jerarquía. Ojalá el día de mañana tengamos futbolistas con esos valores comerciales, los cuales se adquieren en las batallas que se disputan. Podemos tener muy buenos jugadores en las ligas de Brasil, Argentina o en la propia liga paraguaya, pero solo contamos con tres o cuatro elementos en Europa. Quienes marcan la diferencia son los que realmente poseen la jerarquía necesaria para tomarse un tiempo, hacer una pausa y darle un destino preciso a la pelota. Esa condición no se compra en ninguna parte; se adquiere con el tiempo”.

Posteriormente, el entrenador dio la bienvenida a la exigencia del periodismo y de la afición, pero exigió poner los pies sobre la tierra recordando la pesada mochila de dieciséis años de ausencias mundialistas y repasando con crudeza el presente irregular de varias de sus figuras en sus respectivos clubes del exterior: “Por lo tanto, entiendo que se analice si clasificamos o no, y me parece perfecto que miren a Paraguay con un criterio recontra crítico, ya que la primera autocrítica la hacemos nosotros mismos. Sin embargo, también debemos observar a los demás: analizar por dónde van, por qué han clasificado a seis mundiales de manera consecutiva, cómo evolucionaron, cómo estaban en el torneo pasado y cómo se encuentran ahora. Ahí es donde están las verdaderas preguntas. Nosotros volvimos a una Copa del Mundo después de dieciséis años de ausencia en la competencia internacional de este nivel. Actualmente, Omar y Diego están muy bien en la Premier League, pero Toni no pudo ser titular en el Cremonese. Contamos con futbolistas que necesitarían competir en otro nivel para dar ese salto de calidad; ojalá el día de mañana Diego Gómez pueda crecer y pasar a un equipo de mayor envergadura”.
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En esa misma línea de análisis, Alfaro utilizó como espejo el notable crecimiento que evidenció Senegal —rival que lo eliminó hace cuatro años cuando dirigía a Ecuador— para argumentar que el éxito deportivo no es una simple cuestión de ganas, sino la consecuencia lógica de tener futbolistas compitiendo semana a semana en la élite absoluta de la Champions League: “A mí, hace cuatro años, con una selección que venía de ocho años sin jugar un Mundial y con jugadores que recién emigraban a Europa, nos tocó sumar cuatro puntos y quedar eliminados sobre la hora al perder con Senegal. Hoy en día, ese rival cuenta con cuatro años más de proceso y tiene a dos futbolistas que jugaron la final de la Champions League. Poseen un plantel de primerísimo nivel con el que le ganaron a Alemania con autoridad. Hubo un crecimiento sostenido de todos sus integrantes, quienes compiten en la élite europea, y eso es lo que genera un crecimiento hacia arriba; no es una cuestión únicamente de voluntad. Si quieren ser críticos con Paraguay, cuestionar el planteo táctico y todo lo que consideren, está muy bien. No obstante, ojalá mantengan una mirada profunda para descifrar cómo nivelarnos hacia arriba mientras los demás crecen y nosotros pasamos dieciséis años fuera de la gran cita”.

Uno de los pasajes más punzantes y reflexivos de su descargo llegó al poner el foco sobre las dificultades del futbolista paraguayo actual dentro del propio mercado sudamericano, exponiendo una problemática de base que, según su visión, radica directamente en las etapas formativas: “Ahí es donde debemos responder ante un problema estructural que hay que afrontar: ¿cómo puede ser que un jugador paraguayo emigre a Argentina o a Brasil y, al no poder consolidarse, deba regresar a Paraguay para volver a sumar minutos? No nos estamos logrando imponer en los mercados vecinos, ni siquiera hablemos de Europa. Por eso insisto en que se debe trabajar exhaustivamente en la formación y en un montón de aspectos estructurales. Si quieren criticarme, hablemos de fútbol; no tengo ningún problema en discutir hasta el cansancio si la línea de tres estuvo mal o bien”.
Para finalizar, amparándose en la lógica del Ranking FIFA y poniendo como ejemplo la sorpresiva eliminación de una potencia económica como Turquía, el seleccionador paraguayo blindó el esfuerzo de sus dirigidos: “Ocupamos el puesto 42 del ranking mundial y nos enfrentamos a selecciones que están en las posiciones 16, 20 y 25. Ese número refleja la jerarquía real de los planteles. A menos que ocurra una fatalidad, estaremos en la siguiente fase. Nosotros vamos a pelear con las herramientas que tenemos y como podamos. Por esta razón siempre hablé de ilusión y no de expectativa. Turquía, cuya valoración cuadruplica la nuestra y cuenta con dos jugadores que valen lo mismo que todo nuestro plantel, ya quedó fuera del Mundial. Conozco perfectamente el lugar donde estoy parado, tal como me ocurrió en Ecuador y en Costa Rica. No vine a dar buenas noticias; estoy aquí para expresar lo que siento, cómo veo las cosas y cómo son en realidad. El tiempo, a la corta o a la larga, me terminará dando la razón o no”.

