Lito Franco, de Asunción a Roma

El jockey Miguel Franco Acosta (24) brilló prácticamente desde sus inicios en el Hipódromo de Asunción, ganando rápidamente dos estadísticas y migrando a otras latitudes. Recaló en el turf italiano donde sigue dando muestras de sus habilidades sobre el lomo de pingos.

Miguel “Lito” Franco, el paraguayo que castiga con la fusta a los pingos en el coliseo romano.
Miguel “Lito” Franco, el paraguayo que castiga con la fusta a los pingos en el coliseo romano.Archivo, ABC Color

Sobre sus inicios, Lito nos comenta: “Inicié la carrera el 2008 en la Escuela de Jockey del Hipódromo de Asunción, egresé en octubre de 2009 y debuté como aprendiz. Mis comienzos fueron duros, la gente se burlaba de mí, me decían que no servía para esto, no me daban oportunidad para montar”.

Prosiguió: “Eso me incentivó a superarme, entrenando día y noche, con la ayuda del profesor, amigo y colega Wilson Valverde, quien siempre confió en mis cualidades. Con mucho sacrificio, un día la familia Ljubetich empezó a darme montas y pude ganar mi primera carrera en febrero del 2010. Al inicio montaba poco pero al final terminé ganando la estadísticas del 2010 e hice el bis en 2011. También fuimejor aprendiz y mejor deportista del año en el rubro turfístico los 2 años”.

En Asunción “gané muchas carreras, clásicos, pero sin dudas los más emocionante fue ganar el Gran Premio Jockey Club del Paraguay con Parissienne, ya que el propietario el ingeniero Evelio Montebruno, es como un padre para mí y mi familia. Verlo feliz fue único, sentí que de una u otra forma le dí una satisfacción a una persona que merece lo mejor del mundo”.

Agregó: “En 2011 gané la estadísticas con el entrenador Oscar Barragán quien también me apoyó mucho y el doctor Juan Carlos Aveiro a quien le debo mucho pues me recomendó en Argentina, me llevó, se hizo cargo de mí y me presentó al cuidador Horacio Torres. Tuve que hacer la escuela nuevamente y bueno, salí a correr”.

Franco Acosta señaló que “ahí las cosas ya fueron diferentes, de comienzo ya me fue muy bien, apenas salí de la escuela ya me hice profesional, porque en 6 meses ya había ganado más de 120 carreras. Me contrató el Haras La Quebraba uno de los más prestigiosos del medio y también fui contratado por el Haras Futuro que lo cuidaba don Alfredo Gaitán Dassie, un gran entrenador. Gané muchos clásicos, carreras de grupos, hándicaps, montar a pingos de grandes caballerizas y entrenadores como Roberto Pellegata, Juan Sebastián Maldoti, Juan Carlos Vivianni, Isidoro San Millán, Horacio Torres, Juan Carlos Etchetchoury”.

Siguió diciendo: “Tuve 3 años maravillosos, sin embargo, por la inmadurez que tenía, porque me pasó todo de muy joven, dejé de ser responsable en la profesión, bajé mi rendimiento. Volví a Paraguay cuando estaba por nacer mi hijo Iker Lionel quien poco tiempo después falleció. Ese fue un golpe muy duro para mí. Gracias a Dios tuve siempre el apoyo de mi familia, de Juan Carlos Aveiro, Evelio Montebruno, de mis amigos y colegas. De a poco fui agarrando fuerzas y empecé de vuelta, luego volví a Argentina. Luego de tres meses gracias a Dios me fue muy bien, recuperé el nivel y la confianza de entrenadores y patrones”.

El salto a Europa. “Un día me llama Jacinto Rafael Herrera, un gran jockey y persona. El me recomendó a que me contrataran, después hizo de manager o representante mío, pero fue a los Estados Unidos a correr de nuevo, cuando un buen día me llama y me dice si estaría interesado en ir a Italia, por supuesto asentí y bueno estoy aquí gracias a él”.

Lito fue cerrando la nota señalando que “estoy en Roma hace un año y tengo contrato hasta el mes de septiembre y bueno ya gracias a Dios me pidieron renovar otro año más. El momento de la pandemia del coronavirus fue muy duro aquí, pero dejame agradecer a la familia Sbariggia que me contrató en Italia y en todo momento desde mi llegada se hicieron cargo de mí. Debo destacar que me contrataron ‘roto’ ya que había sufrido un accidente en Paraguay antes de llegar aquí, así y todo se hicieron y se siguen haciendo cargo hasta ahora. Gracias a Dios caí en las mejores manos, gente maravillosa, tanto Pierre Paolo Sbariggia, así como su padre Fillipo Sbariggia”.

gcaballero@abc.com.py