De atrás hacia adelante, remontando, como lo ha hecho durante su vida a pesar de solo tener 23 años, así se dio el metal plateado de Anthony José en Tokio. Pintor, albañil, bicitaxista y mecánico, esas han sido las labores de este hombre que ahora puede añadir otro título a todo lo que ya ha hecho en poco más de dos décadas de existencia: medallista olímpico.
"Este fue el regalo de cumpleaños que le iba a dar. Le prometí una medalla olímpica y yo todo lo que le prometo a mi mamá lo logro", declaró Zambrano antes de mostrar el mensaje que tenía al reverso del cartel con su apellido y que lo acompañó durante la carrera: "Te amo mamá #12. Tu regalo de cumpleaños. Gracias a Dios por todo".
Mientras tanto en Barranquilla, su madre, Miladis Zambrano, veía el triunfo de su único hijo a través de una televisión gigante que él mismo le compró para que pudiera seguir sus competiciones. Las anteriores pruebas apenas pudo observarlas en un pequeño televisor con problemas de señal ya que no poseían los recursos para adquirir uno de mayor tecnología.
Las emociones no pararon allí y apenas pudo comunicarse directamente con su mamá, Zambrano, con la seguridad que lo caracteriza y que lo ha llevado a donde hoy está le hizo otra gran promesa: "Ya es hora de darte una casita como te gusta a ti, bien grande".
Esta es la tercera medalla olímpica que consigue un atleta colombiano un 5 de agosto, ya lo habían hecho Ximena Restrepo con un bronce en los 400 m. de Barcelona 1992 y Catherine Ibargûen con una plata en el salto triple de Londres 2012. Con una plata Zambrano le puso broche de oro a una fecha que desde hoy debería considerarse como el "Día del Atletismo Colombiano".
Menos de un minuto, fueron 44.08 segundos que emocionaron a todo un país y que firmaron el nombre de Anthony Zambrano en las páginas doradas del deporte colombiano, las mismas en las que espera seguir presente por muchos años.
