Cuando la semana pasada alcanzó la primera medalla en 100 metros, se cayó de la silla de ruedas de alegría. Hoy ha salido a la final de los 50 metros saludando a los presentes y disfrutando cada impulso debajo del agua.
"¡He sentido la adrenalina! Pude nadar disfrutando más que en la eliminatoria", afirmó a los medios recién salida del agua.
Las nadadoras son ayudadas para entrar en la piscina, puesto que ellas solas no pueden. Sin embargo, cuando flotan son libres y capaces de desplazarse a gran velocidad, a pesar de que tienen una coordinación muy limitada en el torso, las piernas, los brazos y las manos.
Se impulsan imparables y de espaldas con una técnica propia, mantienen el equilibrio y sacan fuerzas equiparándose a anfibios sin aletas.
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"Cuando entro en el agua siento que estoy sola y eso me gusta", afirmó tras la final de 100 metros en la que se midió frente a la singapurense Pin Yip, una rival conocida como "helicóptero" por la fuerza de sus brazos y que hoy la ha vuelto a adelantar por cuatro segundos.
La nadadora Yamada sorprendió a su país al abrir el medallero y este viernes, en los 50 metros, ya era una estrella consagrada.
"La gente nada moviendo las piernas verticalmente, mientras que yo lo hago horizontalmente" describe de su mejor arma esta joven estudiante de la región norteña de Niigata que nació sin brazos y con malformaciones en las piernas.
Japón celebró con ella esta segunda plata y el inicio de una prometedora carrera como paratleta, aunque su otro sueño es ser diplomática, como le confesó al ministro nipón de educación Koichi Hagiuda al felicitarla telemáticamente.
"Cuando la situación de la COVID-19 mejore, la llevaremos al Ministerio de Exteriores", le prometió el ministro, a lo que esta estudiante de secundaria que destaca en inglés, caligrafía y es amante de los videojuegos, se mostró entusiasmada.
A pesar del exitoso debut paralímpico y las dos medallas, la joven reconoció ante los medios que le cuesta "entrar al agua cuando nada de espaldas", una modalidad que no es su preferida y que ha supuesto un gran desafío.
Nadie lo diría viéndola zambullirse y adelantar sin brazos a sus rivales. ¿Su secreto? El agua le da tranquilidad y se divierte en las competiciones con el lema "disfrutar más que nadie al nadar".
Eso y un duro entrenamiento a base de ejercicios abdominales y una tapa de un pozo de 3 kilos de peso atada con una cuerda para fortalecer la fuerza de las patadas que la han lanzado al podio dos veces.
EL AGUA, SU MEJOR ELEMENTO
Empezó a nadar a los cinco años para encontrar alivio en el asma que padecía. Su profesora de natación Fumie Noda, actualmente de 79 años y que sigue entrenándola, le decía: "el cuerpo no se hunde aunque tenga algún problema".
En vez de tenerle miedo al agua, se lanzaba en piscinas de 3 metros de profundidad mientras otros no podían.
"No tiene miedo porque entiende cómo es el agua. Su cabeza va más allá de nuestra imaginación, está repleta de valentía y fuerza de superación", dijo de ella Noda, quien hoy se mostraba en la piscina visiblemente emocionada.
UN GUIÑO A LA AUSENCIA PATERNA
En 2019 falleció su padre de cáncer, una figura que siempre la animaba diciéndole que él era un Kappa, un ser mitológico del folclore japonés con forma de rana y rostro de tortuga que habita en lagos o ríos y nada velozmente.
Después de su primera medalla, al ser preguntada por los periodistas si deseaba transmitirle algo a su difunto padre, la joven no dudó en responder: "Quiero decirle que me he esforzado mucho y que me convertí en una Kappa también".
