Sin cultura de esquí. “Me parece desafortunado, no es un país con una cultura del esquí”, declaró en noviembre la francesa Perrine Laffont, campeona olímpica.
“Ir a China es una pequeña decepción. No hay el fervor por los deportes de invierno”, agregó el biatleta francés Quentin Fillon-Maillet, líder de la Copa del Mundo.
China viene de lejos: en una década, las estaciones pasaron de 200 a 770, varios son complejos interiores.
Nieve y ecología. “He visto construir una estación de esquí de la nada, lo que no es realmente ecológico (...) No hay nieve, no tiene sentido”, lamentaba Laffont.
El área de las sedes es conocida por su falta de precipitaciones, por lo que casi nunca nieva. Además, los Juegos celebrarán con 100% de nieve artificial, cuya producción requiere grandes cantidades de agua y energía, que Pekín aseguró será renovable.
Tensión política. “Hubiese preferido ir a otro sitio. No creo que se deban organizar campeonatos o Juegos en este tipo de países”, lanzaba Samuelsson. Ante la violación de derechos humanos, varios países decidieron un boicot diplomático. AFP
