La guerra atrapa en Turquía a niños nadadores discapacitados de Ucrania

Este artículo tiene 3 años de antigüedad
/pf/resources/images/abc-placeholder.png?d=2402

Ilya U. TopperEstambul, 26 abr (EFE).- Nadar, entrenar, pasar el tiempo y tratar de no pensar en la guerra y en sus familias. Es el objetivo de un equipo ucraniano de natación, formado por menores discapacitados, que lleva diez semanas en Estambul sin poder regresar a su país.

Llegaron a la ciudad turca el 17 de febrero para participar en un campo de entrenamiento de dos semanas y preparar el campeonato nacional ucraniano previsto para marzo. Una semana más tarde empezaron a caer bombas rusas en Ucrania. No pudieron volver.

"Es una sensación extraña, no puedes regresar a casa, no sabes qué pasará en el futuro, no sabes dónde están tus padres y amigos, qué les pasa... Esto es difícil para el cerebro, estamos agotados con todo eso", dice a Efe el nadador Kyrylo Garashchenko.

El deportista, de 24 años, con discapacidad visual, ganó la plata y el bronce en los juegos paralímpicos de Tokio 2020, y ahora se prepara para el campeonato mundial que se celebrará en junio en Madeira.

ENTRENAMIENTO EN TURQUÍA

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Garashchenko es el único deportista con palmarés en el equipo, ya que los otros seis son niños y adolescentes menores de edad -el más pequeño tiene solo ocho años- que están justo empezando a prepararse para las competiciones.

"Otras veces veníamos el equipo nacional entero, pero esta vez solo vine yo y la entrenadora se trajo, además, a los niños, todos con distintas discapacidades", indica el deportista.

Esta es la tercera vez que estos nadadores ucranianos han intercalado una estancia de entrenamiento en Turquía, destino favorito de numerosos clubes deportivos de Ucrania y Rusia, que sobre todo en invierno frecuentan la cálida costa mediterránea de Anatolia para escapar de los rigores del invierno de sus países.

Pero esta vez no se sabe cuándo podrán regresar, lamentan los deportistas, todos oriundos de Zaporiyia, una ciudad de unos 700.000 habitantes en el sureste de Ucrania.

A inicios del pasado marzo, las tropas rusas tomaron la central nuclear de Zaporizhiya, situada medio centenar de kilómetros al sur de la ciudad, pero no atacaron la urbe.

"Ahora mismo no hay combates en mi ciudad; durante los últimos dos meses era un sitio relativamente seguro, solo alguna vez caían bombas", explica Garashschenko.

"Pero a partir de ahora creo que va a ser más difícil", agrega, en referencia al recrudecimiento de los combates entre unidades rusas y ucranianas en la franja sur del país.

ACOGIDOS POR EL KASIMPASA

El equipo se quedó primero en Silivri, un distrito en la periferia occidental de Estambul, pero a mediados de marzo se trasladó a Kasimpasa, un barrio de viviendas modestas en el corazón de Estambul.

El club de fútbol de Kasimpasa, que actualmente ocupa el puesto 11 en la Superliga turca, ofrece a los siete deportistas y sus tres entrenadores alojamiento en sus instalaciones deportivas y tres comidas diarias.

Las autoridades municipales han puesto a disposición de los nadadores la piscina municipal para cuatro sesiones de entrenamiento a la semana.

No es una piscina olímpica, pero el tamaño no le incomoda a Garashchenko.

"Lo que pasa es que no hay muchas sesiones libres; aquí solo podemos entrenar cuatro veces por semana, mucho menos de lo que solíamos hacer en Ucrania".

Por ello el equipo ha pedido permiso para acceder a otra piscina donde llegar a las nueve sesiones semanales.

Para el nadador, concentrarse en la cita de Portugal en junio puede ser una manera de no pensar en lo que sucederá mientras tanto en Ucrania pero el resto del equipo tiene aún todo su futuro deportivo en las competiciones nacionales, sin saber cuándo podrá regresar a su tierra.