Camino de Mende, el ganador de las dos últimas ediciones emprendió una auténtica guerra de guerrillas contra la formación holandesa, que por vez primera en lo que va de Tour dio signos de debilidad.
A la marcha militar impuesta hasta ahora, que tuvo como punto culminante la etapa del Granon, donde tras una orquestada y machacona batalla lograron hacer hincar la rodilla a Pogacar, responde ahora el esloveno con un acoso permanente, con el que espera minar sus fuerzas.
La decimocuarta etapa fue un buen ejemplo de ello. Pogacar atacó en los primeros kilómetros y sembró el pánico entre los Jumbos. El propio Vingegaard se vio obligado a defenderse en primera persona, antes de que los amarillos pusieran orden en el grupo.
Pero la picadura del esloveno tuvo consecuencias y el desgaste de la escuadra de Vingegaard se dejó notar en el tramo definitivo. El danés se vio obligado a defenderse en primera persona.
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"Nuestra estrategia es estresar a Vingegaard y al Jumbo todo lo que podamos. Creo que eso ha funcionado", dijo el ciclista del UAE. En su rostro se mezclaba cierta frustración por no haber podido recortar ni un segundo a su rival, pero también la sonrisa del travieso que sabe que tiene cartas bajo la manga.
A sus 25 años, el danés descubre el papel de un líder y Pogacar, que ya lo ha sido en muchas ocasiones a sus 23, está convencido de que acabará por pasar factura al danés.
EL AMARILLO DESGASTA
"Por experiencia sé que el amarillo desgasta", aseguró el esloveno, no tanto a quien lo porta como al equipo que se ve obligado a defenderlo.
Más si hay que estar pendiente de un enemigo que acecha en cada esquina.
"No sé si me temen, pero están todo el rato a mi rueda y no me dejan escaparme", dijo el esloveno.
Vingegaard trato de poner cara de póquer y saborear que, de nuevo, evitó ceder terreno ante las embestidas de su rival.
El danés, que respondió en primera persona al ataque de Pogacar a 180 kilómetros para la meta, quemó al equipo camino de Mende y se encontró solo en el último ascenso, de una gran dureza aunque solo de 3 kilómetros, donde respondió con solvencia al ataque del esloveno.
Era una subida explosiva, donde presenta desventaja con respecto a su rival, pero aguantó bien, sin dar en ningún momento sensación de poder ceder.
"Ha hecho buenos ataques, pero lo esperaba, he podido seguirle y eso me da mucha confianza. No ha sido fácil, nunca lo es en el ciclismo a este nivel, pero estoy contento de haber resistido", dijo el danés, que cumple ya tres días de amarillo.
En su equipo la vigilancia es máxima. Como asegura su líder, saben que Pogacar no se conforma con el segundo puesto y que el peligro es permanente.
Los 2.22 minutos que tiene de renta son oro en paño, pero por delante hay terreno para que el esloveno recupere renta y, sobre todo, una contrarreloj final de 40 kilómetros que, como hace dos años frente a Primoz Roglic, puede ser decisiva.
Por eso, el danés no descarta golpear más a Pogacar, darle el golpe de gracia. A la intimidación respondió con una amenaza. La guerra de nervios ha comenzado.
