A sus 24 años, el ciclista del Arkea ha logrado reactivar el corazón de los franceses, aunque saben que su compatriota todavía no puede competir con los extraterrestres que pelean por la general, sobre todo el esloveno Tadej Pogacar y el danés Jonas Vingegaard, que entre ambos se han apuntado las cinco últimas ediciones y persiguen la sexta.
Pero nada impide el sueño y Vauquelin se ha colado en el grupo de los que cuentan, de los que salen en los medios. Tras una semana de competición, el normando acumula las alabanzas, en medio de una temporada de excepción en la que se impuso en la Estrella de Bessèges, el del País del Loira fue segundo en la Flecha-Walona y en la Vuelta a Suiza.
Galones suficientes para considerar que su posición en los primeros puestos de la general del Tour no son solo el fruto de la casualidad.
Responden a su constancia en las primeras etapas, en las que ha conseguido estar con los mejores, pero sobre todo a su excepcional actuación en la contrarreloj de Caen, que acabó quinto, solo superado por grandes especialistas en la disciplina y por el propio Pogacar.
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De golpe, Francia ha comenzado a interesarse por la biografía de un ciclista que, hasta ahora, apenas había llamado la atención, más allá del segundo puesto que ya había firmado en 2024 en la Flecha-Walona y del triunfo en la segunda etapa del Tour, con final en Bolonia, tras una larga escapada.
El francés fue la estrella en los primeros días del Tour de 2025, cuando el pelotón atravesó su Normandía natal, incluida una salida en su ciudad Bayeux, cuando la pasión por el francés se desencadenó hasta el punto de sorprenderle un poco.
El heredero de Hinault
Vauquelin no hace más que atenuar las expectativas que se han generado en un país que se frota las manos por ver a un heredero de Bernard Hinault, el último que ocupó el último escalón del podio de París, en 1985.
El joven francés intenta evitar algo los focos que se le ofrecen, aguantar al máximo en un equipo que le protege y que tiene puestas en su figura muchas expectativas, porque su contrato de patrocinio llega a término, al igual que el del corredor.
Si consiguen retenerle, tendrán muchas opciones de encontrar otro patrocinador de un equipo modesto, bien enraizado en Bretaña y Normandía, un vivero de corredores franceses que ahora tienen el apéndice de generación Vauquelin.
Los rumores le sitúan ya en la órbita del Ineos, que busca desesperadamente nombres que eleven el nivel de su formación y que han visto en el francés madera para el futuro.
Vauquelin se mantiene al margen de esas maniobras. Sigue siendo el muchacho impulsivo que desde niño sorprendió a sus entrenadores, pero que tuvo un bache en la adolescencia, en plena crisis del covid, cuando fichó por un club de Ruán y, alejado de su familia, estuvo al borde de la depresión.
Su padre tuvo que ir a buscarle de madrugada y le trajo al hogar familiar entre llantos, pero la mala experiencia no acabó por su pasión por la bicicleta.
Con los años, el entrenamiento ha ido dando sus frutos y Vauquelin se ha convertido en el mejor ciclista francés del momento, a la espera de seguir creciendo y quizá algún día transitar por los terrenos por los que pasó Hinault.
"Por ahora no es el caso. Tengo que centrarme en mejorar, en ir creciendo", afirma el francés, cuyo peso específico en el pelotón ha ido en aumento.
Vauquelin mira con respeto a los pesos pesados de la carrera, como a Pogacar, el único que le venció en la pasada Flecha-Walona, pero tampoco los considera inalcanzables.
"No me gusta que se hable de extraterrestres. Son muchachos con una capacidad muy elevada, que sacan un gran rendimiento a sus condiciones. Tengo que trabajar todavía más para acercarme a ellos. Me queda mucho margen", comenta.
