Antes de la meta, la Clásica vivió su propia epopeya con los cinco escapados, Brem Deman, Javier Ibáñez, Ander Okamika, Márton Dina y Pablo Carrascosa, quienes desde el kilómetro 6 se lanzaron a la carretera, construyendo una fuga de valentía y resistencia.
En los primeros esprints, Deman y Ibáñez se repartieron los puntos mientras Okamika comenzaba a demostrar su fuerza en las subidas. La fuga sostenía la épica, con la diferencia creciendo hasta cinco minutos en los puertos, coronando Celín, Río Chico y Berja con una autoridad silenciosa.
El pelotón, consciente del peligro, comenzó la persecución implacable. La diferencia cayó poco a poco y, camino de Almerimar, con apenas 1’26” de ventaja, la carrera se convirtió en un ensayo de resistencia y voluntad hasta 21 kilómetros de meta, cuando los escapados fueron absorbidos por el pelotón.
Entonces, Girmay emergió, implacable y, con un esprint demoledor, conquistó la victoria.
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