Detrás de ese ensayo técnico hay un problema menos visible: el encarecimiento y la fragilidad del suministro de plumas, tensionado por el auge del bádminton y las limitaciones de la industria avícola.
La duda ya no es solo si el material alternativo funciona, sino si el modelo tradicional puede sostener el crecimiento del deporte.
La medida se aplicará en torneos de grado 3 y competiciones internacionales júnior, un entorno que la BWF considera adecuado para ensayar cambios sin alterar por ahora los estándares de la élite.
Según explicó el organismo en su comunicado de este miércoles, el objetivo es evaluar el rendimiento de los volantes sintéticos en condiciones reales de competición y comprobar si sus “características de vuelo y juego” pueden alinearse con los estándares actuales del circuito, un requisito que ha frenado hasta ahora su adopción en niveles profesionales.
El programa incluirá la recopilación de datos de rendimiento de los fabricantes, así como el análisis del comportamiento en pista a partir de la experiencia de jugadores, árbitros y organizadores.
Para esta fase inicial, la federación ha autorizado modelos desarrollados por la japonesa Yonex y la taiwanesa Victor, dos de los principales proveedores del circuito internacional.
La elección de estos torneos responde a la necesidad de probar los materiales en un contexto competitivo exigente, pero con menor presión mediática y regulatoria que las grandes citas, en un proceso que servirá de base para decidir si el experimento puede extenderse a competiciones de mayor nivel.
El ensayo llega tras varios años de tensiones en el suministro de plumas, el material básico con el que se fabrican los volantes tradicionales.
Cada unidad de alta calidad requiere 16 plumas de ganso o pato, seleccionadas de la misma ala para garantizar una trayectoria estable, un proceso que convierte su producción en una cadena especialmente sensible a los cambios en la industria avícola.
China, principal centro mundial de fabricación, ha visto reducirse la disponibilidad de estas materias primas en los últimos años: la producción comercial de patos pasó de unos 4.870 millones en 2019 a alrededor de 4.220 millones en 2024, mientras que la de gansos descendió de 634 a 569 millones, según datos de la Asociación China de Agricultura Animal, una caída cercana al 10 %.
A esta contracción de la oferta se han sumado factores como los brotes de gripe aviar, los cambios en el consumo de carne tras la peste porcina africana o la reducción de ciclos de cría, que han afectado a la calidad de las plumas.
En paralelo, el auge del bádminton tras la pandemia ha impulsado la demanda, generando un desajuste que se ha trasladado a los precios: el coste de los volantes de competición se ha duplicado en apenas dos años y el de la materia prima llegó a superar los 300 yuanes (44 dólares) por jin (unidad de peso equivalente a 500 gramos), según fuentes del sector.
Este desequilibrio ha puesto de manifiesto la dependencia del deporte de un recurso natural limitado y expuesto a factores externos, un escenario que explica el creciente interés por alternativas sintéticas.
El impacto de este encarecimiento se ha dejado sentir especialmente en la base del deporte, donde el volante es un consumible de uso intensivo. Academias y clubes han visto cómo el coste de este material se disparaba hasta representar la mayor parte de sus gastos operativos, con sesiones que consumen decenas de tubos por semana.
“Gastamos entre 100.000 y 200.000 yuanes al año (entre 14.628 y 29.256 dólares), y cerca del 80 % se va solo en volantes”, explica Li Yaxi, responsable de varios centros de formación en Pekín, en declaraciones recogidas por China Daily.
Este aumento ha empezado a afectar también a jugadores amateurs, con grupos que superan los 70 tubos semanales y un gasto que puede rondar los 13.000 yuanes (1.902 dólares) por semana, según organizadores locales, lo que ha llevado a algunos usuarios a reducir la frecuencia de juego.
En este contexto, los modelos sintéticos aparecen como una alternativa potencialmente más estable, con una durabilidad que puede multiplicar por dos o tres la de los volantes tradicionales en uso recreativo.
Sin embargo, su implantación en la alta competición sigue siendo incierta: jugadores y entrenadores señalan diferencias en el control, especialmente en el juego de red, un factor determinante en el rendimiento.
La BWF se enfrenta así a un equilibrio delicado entre aliviar la presión sobre los costes y garantizar que cualquier cambio no altere las condiciones de juego.
