Pogacar sentencia la Vuelta en Andorra con la enésima exhibición

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Andorra la Vella, 25 ago (EFE).- El esloveno Tadej Pogacar (UAE) dejó la 81 edición de la Vuelta a España sentenciada con una exhibición en solitario marca de la casa que le llevó a la victoria en la cuarta etapa, disputada a través de 104,8 km con salida y llegada en Andorra la Vella, primera cita de montaña en la que trituró a todos sus rivales, condenados a luchar por el segundo puesto.

Pogacar estrenó su palmarés en la Vuelta en 2019 con victoria en Andorra, en Cortals D'Encamp. Siete años y cinco maillots del Tour después reapareció en la ronda con otro laurel adornado con una lección magistral de las suyas que deja sentenciada la Vuelta y su primer maillot rojo.

A su estilo demoledor cerró el debate con un ataque a 50 km de meta, subiendo la Collada de Beixalìs, incontestable, que condenó a la impotencia a sus rivales. Su exhibición se tradujo en meta en diferencias abismales. Un grupo de seis llegó a 2.39 con Widar, Gall, Onley, Kuss, Mas y Roglic. Carapaz, a 2.57.

Una estocada hasta la bola del fenómeno nacido hace 27 años en Klanec, el mismo que tiene en su palmarés 129 victorias, 21 de ellas esta temporada, el de los 5 Tours, 1 Giro, 2 Mundiales, 4 Liejas, 3 Flandes.......el que va camino de ser el noveno ciclista en tener las tres grandes en su historial.

La Vuelta entrará en España este miércoles conociendo gran parte de la película. La estrella eslovena ya tiene 3.21 minutos sobre su renacido compatriota Primoz Roglic y 3.32 respecto a Enric Mas. En un minuto, el grupo de aspirantes al podio, con Kuss, Onley, Carapaz y Gall en la "pomada".

  "Ha sido un día muy duro. Cuando vi a los Decathlon poner ritmo sabia que iban a ir contra mi, por eso decidí irme solo. Las diferencias son suficientes, ahora iré más calmado para los próximos día, la carrera será menos estresante. Aquí gane mi primera carrera en la Vuelta, nunca pensé que iba a llegar a estos niveles, nunca lo olvidaré", comentó.

Andorra, territorio ciclista, habitual en Tour y Vuelta y residencia de gran parte del pelotón mundial. Un escenario con 4 puertos que proponía el primer gran examen de montaña. Los favoritos a escena y Pogacar, bajo la sospecha generalizada de poder asestar el primer gran golpe.

A balón parado, sin anestesia, ascenso interminable de 23,3 km a Envalira, donde empezó la batalla nada más bajarse la bandera del director de carrera. El UAE de Pogacar avisó pronto de que iba a controlar la carrera, por eso no consolidó ninguna fuga seria. Diez hombres coronaron en cabeza, Fortunato al frente en la cima que marca el techo de la presente edición, a 2.409 metros de altitud.

La insistencia del cuadro emiratí echó abajo la primera ilusión colectiva del día y, por si fuera poco, el Decathlon de Felix Gall, candidato de la general, tomó el mando para imponer un ritmo que terminó de destrozar el pelotón en el descenso camino de Beixalís

El movimiento del Decathlon no hizo sino estimular los ánimos de Pogacar. La duda consistía en conocer el momento en que Pogacar iniciaría su vuelo rasante. El toque se corneta sonó a 50,5 km de meta, en el ascenso a la Collada de Beixalís (1a, 6,5 km al 8,5), el puerto más duro del menú montañoso del día.

Al ataque. Con contundencia. Ordeno y mando. Pogacar despega y no mira atrás. Cuando se puso en pie en su bicicleta en el tramo más duro del puerto los demás asintieron con resignación. Nada que hacer. Solo Felix Gall intentó la locura de seguirlo. Hubiera sido un suicidio insistir. Mejor que Pogacar se marchara solo, a su aire. Como siempre.

Por detrás se organizó la junta de salvación y socorro colectivo con 15 corredores. En la persecución los "otros" nombres de la general, con Carapaz, Roglic, Pablo Torres, Jay Vine, Enric Mas, Kuss, Mühlberger, Onley, Skjelmose, Johannessen, Tejada y Widar, los aspirantes a los puestos del top 10 de la Vuelta. En la cima pasaron a 1.38 minutos de Pogacar. Cornada a la vista.

Había comenzado el monólogo implacable del rey del ciclismo mundial. A su ritmo, confiado y a otro nivel, su contrarreloj individual le permitiò coronar el Coll D'Ordino (1a, 9,9 km al 7) con 3 minutos sobre el grupo de Kuss, Mas, Roglic y Gall. Medio minuto después Carapaz, dando el callo para tratar de enlazar con el primer sector de persecución.

No se cortó en absoluto Pogacar en el descenso. A pesar de su cómoda ventaja, de tener la etapa asegurada, el esloveno se jugó el chásis rozando el borde de la carretera en alguna curva. Un exceso de riesgo innecesario que fue observado desde el coche del equipo. No hacía falta jugarse la Vuelta ante tal dominio.

La cabalgada de Pogacar llegó a La Comella (3a, 3,9 km al 5,9), último obstáculo del día. Sobrado el esloveno, se permitió saludar chocando el puño con su compañero Adam Yates, ausente en la Vuelta pero presente en la cuneta para ver en directo la clase magistral del fenómeno. En la cima 3 minutos de colchón. Lanzado a meta.

Hasta Andorra coser y cantar. Faltaba poner la firma, una vez más magistral, a un guión que estaba medio escrito. Una victoria especial, la quinta en la Vuelta, la segunda de la presente edición, un triunfo en Andorra, donde se presentó en sociedad en la ronda española en 2019. No se esperaba el esloveno tener el historial que tiene 7 años después.

Ahora, con más de 3 minutos de ventaja, Pogacar podrá controlar la carrera más a su manera, con la ayuda del equipo y con una presencia que intimida a los rivales, condenados a buscar triunfos de etapa y luchar por las plazas secundarias del podio. Sentenció el Tour en la primera semana. También la Vuelta.

"No se si llegaré hasta el final de rojo, será duro pero el equipo es fuerte. Ahora podré estar más tranquilo, la diferencia es buena", resumió.

Este miércoles la Vuelta ofrece en la quinta etapa una oportunidad a los velocistas para vivir un día de gloria. Ya en terreno español, serán 173,3 km entre Falset, la capital del Priorat, y Roquetes, en tierras del Ebro. Tan solo una dificultad en el trayecto, el Puerto de Pauls (3a, 3,5 km al 7,1), a 55 km de meta. Los equipos de los esprinters tendrán la palabra.