Calificando a los dos hombres de "tándem maléfico", el fiscal pidió esa pena para el hombre que efectuó los disparos mortales, y algo inferior para Romain Bouvier, el primero que abrió fuego tras una pelea que tuvo lugar a la salida de un restaurante de París el 19 de marzo de 2022.
El veredicto se espera que se pronuncie este viernes, tras escuchar los alegatos de la defensa y dar la palabra por última vez a los acusados.
El fiscal también solicitó una pena de tres años de prisión, dos de ellos exentos de cumplimiento, contra la exnovia de Le Priol, acusada de haber tratado de borrar pruebas, mientras que para otro cómplice pidió la misma pena por haber escondido a Bouvier durante su huida de la justicia.
En su alegato, el fiscal fue duro con los acusados, "dos granadas sin seguro", que estaban "fascinados por el uso de la fuerza", por las armas y por toda la simbología nazi, lo que, a su juicio quedó probado durante el proceso.
Con esos antecedentes, la pelea que tuvo lugar en la madrugada de aquel sábado se convirtió en "una mecánica asesina que condujo a lo irreparable", la muerte de "un buen hombre", un "padre de familia" totalmente desarmado.
Los dos acusados dispararon diez tiros contra Aramburu y su amigo y excompañero de equipo Shaun Hegarty, que no recibió impactos, un crimen muy sentido en el mundo del rugby, donde el internacional argentino era muy apreciado.
Las cámaras de vigilancia permitieron a los investigadores identificar a los autores, fichados por actos violentos, militantes en su juventud de una organización de extrema derecha, ideología que según el fiscal nunca abandonaron.
Aunque confesaron haber sido autores de los disparos, su estrategia de defensa durante el juicio consistió en negar su voluntad asesina, lo hicieron en defensa propia ante la supuesta agresividad de los jugadores de rugby.
Un argumento que rechazó el fiscal, que recordó que tras la pelea los deportistas se marcharon del lugar y los acusados les persiguieron en su coche hasta que dieron con ellos y comenzaron a disparar.
También tiró por tierra la supuesta agresividad natural de Aramburu que trató de esgrimir la defensa y que a su juicio quedó descartada por numerosos testimonios, al igual que los motivos de la pelea, que personas presentes en el restaurante atribuyeron a la actitud ofensiva de los acusados.
