El moscovita, que en sus cuatro anteriores había caído en primera ronda en París, lleva ya tres victorias en esta edición en la que se había propuesto llegar más lejos.
Su juego se ha adaptado más a la tierra batida y el finalista del pasado Abierto de Australia alcanza los octavos habiendo cedido solo un set en el camino.
Medvedev, entrenado por el francés Gilles Cervara, se ha convertido en una especie de ídolo en Francia, porque habla el idioma y porque el cuadro individual no cuenta con ningún galo en tercera ronda por vez primera en la era Open.
"Espero que me apoyen y que lo hagan el máximo tiempo posible. Sé que Novak y Rafa hablan también un poco de francés, pero contra ellos no jugaré hasta la final y eso ya sería bueno para mi", bromeó el moscovita.
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Aclamado por el público, Medvedev reconoció que este año se siente mejor en Roland Garros, un torneo que ha preparado a conciencia.
"Este año me siento bien, las bolas, las condiciones me favorecen más. Creo que estoy ya haciendo algo grande y espero parar lo más alto posible, mostrar mi mejor nivel", señaló.
