"Como mínimo el más largo", comentó con una sonrisa Alcaraz minutos después de derribar a Yasutaka Uchiyama. Una victoria histórica para él, porque era, no solo su debut en Wimbledon, también su estreno en una pista de hierba. Nunca había competido en esta superficie de forma oficial y tampoco se había ido nunca hasta los cinco sets en un partido de tenis, pero no echó en falta la experiencia previa para vencer al japonés y conseguir una de las victorias más bonitas de su carrera.
Alcaraz no paró de animarse, incluso al sentarse en su silla después de algún importante juego. Cerraba el puño continuamente, se autoconvencía que, pese a su juventud, podría aguantar la refriega, escuchando atentamente los consejos de su entrenador, un mito de esto, Juan Carlos Ferrero.
"No estoy acostumbrado a jugar cinco sets, y Juanqui me ha estado diciendo que me diga a mi mismo que estoy bien físicamente, que estoy fresco, que no estoy cansado... Al final del partido le he dicho que le he echado muchos 'huevos'", reveló en rueda de prensa.
Fue la pista seis de Wimbledon la que presenció su victoria, tras cuatro horas y 16 minutos. Una vez sellada, soltó la raqueta para alzar los brazos al cielo, se sacó una foto con un seguir del bullicioso público que se amontonaba para presenciar a la futura estrella y abandonó la pista mientras la gente le agradecía el espectáculo y le deseaba suerte para el próximo partido.
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El más difícil todavía, un choque de titanes contra Daniil Medvedev, el número uno del mundo, el segundo favorito al título, el hombre que levantó el trofeo de campeón en Mallorca hace apenas unos días. El hombre que bautizará a Alcaraz en la pista 1 del All England Club, la segunda en importancia del torneo, donde miles de espectadores presenciarán su estreno ante el gran público. Esta vez ya con una victoria en hierba, un triunfo en Wimbledon y una muesca a cinco sets. Todo en el día que Alcaraz debutó en Wimbledon.
