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Alcaraz rompe otra barrera

Este artículo tiene 4 años de antigüedad
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Santiago AparicioMadrid, 7 may (EFE).- Aferrado a la épica, en un duelo dramático, sin igual, el joven Carlos Alcaraz rompió otra barrera en su enérgico transitar con un triunfo memorable ante el número uno del mundo, el serbio Novak Djokovic, por 6-7 (5), 7-5 y 7-6 (5), que le llevó a la final del torneo de Madrid, la segunda final Masters 1.000 de su carrera.

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Nada puede con este joven de El Palmar (Murcia) de 19 años y dos días que en cuarenta y ocho horas ha derribado a Rafael Nadal y a Djokovic. Necesitó tres partidos para superar al balear, con el que cayó en este mismo escenario hace un año y en las semifinales de Indian Wells. No le ha hecho falta tanto tiempo ante el balcánico. A la primera, pudo con él.

No parece tener techo Alcaraz, empeñado en romper registros por donde pasa. Nueve victorias consecutivas acumula ya en los tiempos recientes, veintisiete, el que más, en lo que va de curso. Y seis seguidas frente a jugadores inmersos en el 'top ten'. ¿Quién da más?.

El tenista más joven en ganar en tierra de forma consecutiva a Nadal y Djokovic hizo añicos la hoja de ruta de su rival. Djokovic no termina de ganar un torneo para dar naturalidad a una temporada abrupta, inusual, en la que arrancó tarde. Alcaraz Echó por tierra las necesidades del ganador de veinte Grand Slam y 37 Masters 1.000, que celebraba puntos como victorias memorables.

El finalista más joven del Mutua Madrid Open ya puede mirar a la cara a cualquiera. Aspirar a todo. No tiene freno, le sobra desparpajo, confianza y capacidad.

En plena puesta a punto, aún en rodaje en un año abrupto y plagado de sobresaltos, el tenista de Serbia llegó a la Caja Mágica con la idea de alcanzar la final, la segunda seguida después de la de Belgrado, que cedió ante el ruso Andrey Rublev.

Djokovic ha podido recuperar el pulso competitivo y alimentar su autoestima. Estuvo a un gran nivel. Tanto en el cuarto de final contra Hubert Hurkacz como ante Alcaraz. Lo que dispara el valor del éxito del murciano.

El finalista más joven en la historia del torneo de Madrid no se salió del guion que ya le sitúa como el sexto mejor del mundo, una condición de la que hará gala, en cualquier caso, el próximo lunes.

Hizo casi todo. Lo bueno, pero también lo malo. Golpes ganadores, saques firmes y dejadas incontestables. Se le subió a las barbas al balcánico, que sabe que el español es fuego puro. Imparable en plena ebullición. Aunque precipitado en exceso. Tuvo más golpes ganadores, pero también más errores. Le compensó.

Por eso buscó Djokovic la pausa, la calma. El antídoto para apagar el fuego de su rival y de la grada, volcada a lo loco con el futuro del tenis español al que se aferra.

Arrancó como un tiro Alcaraz, que impone la ilusión y la confianza en sí mismo de la que hace gala desde que irrumpió en el circuito. Va a todo trapo y pasa por alto la pausa necesaria en algunos momentos. Se situó con 2-0 y mantuvo las distancias hasta el 4-2. Ahí empezó a emerger el serbio.

Djokovic ya ha mejorado. Le faltan horas de pista al número uno del mundo, pero nunca el talento. El crecimiento ya lo plasmó en cuartos ante Hubert Hurkacz y lo reafirmó frente Alcaraz. Nole ganó tres juegos del tirón, incluida una rotura, y se puso por delante. El murciano se recuperó. El set fue al desempate, que ganó el serbio aunque llegó con el agua al cuello (7-5). Lo celebró a lo grande, como un triunfo. Puño en alto, un gesto largo que el público no entendió.

El pulso se prolongó en el segundo set. Nadie cedió. Fue una puja larga. A Djokovic, Alcaraz le salió respondón. No hubo roturas hasta el duodécimo juego, en el que dio un paso al frente el español, que cerró el set a lo grande al llegar a una contradejada y rebasar a su rival.

Todo empezó de nuevo. El estado físico del serbio estaba bajo sospecha. Le faltan partidos al balcánico. Se vio en Belgrado contra Rublev. Y Alcaraz es un toro. No bajó el ritmo en ningún momento. Al menos dio esa sensación. Parecía que cada ocasión que desperdiciaba era la última. Pero encontraba otra. No rentabilizó dos puntos de partido, al resto. Pero selló el éxito con el saque en la mano.

"Ha sido un partido para disfrutar a pesar de lo que se ha sufrido. Un partido como este se gana con el corazón y con la cabeza. Como decía mi abuelo, cabeza, corazón y cojones, y eso es lo que aplico", dijo sobre la pista el español.

Alcaraz aspira ahora al quinto título de su carrera. El cuarto del curso tras Río de Janeiro, Miami y Barcelona, que añade a Umag el pasado año. Su segundo Masters 1.000.

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