Desde 2018, Wimbledon ansía una ampliación de sus tierras que le permita tener 38 pistas secundarias más y un estadio con capacidad para 8.000 espectadores, además de poder albergar la fase previa en el propio club, en lugar de en Roehampton, a varios kilómetros del All England Club, siendo el único Grand Slam en el que ocurre esto.
La inversión que tuvo que realizar la organización del torneo para poder visualizar este proyecto no fue pequeña. Hace siete años compró unos terrenos contiguos al club y situados en Wimbledon Park que eran un club de golf. Abonaron un total de 65 millones de libras (75 millones de euros) a los socios del mismo para poder empezar a planificar las obras.
Hasta aquí, parecía coser y cantar para Wimbledon, que una vez pagado el dinero planeaba que las obras avanzaran en los años venideros y en un plazo de siete u ocho años tenerlo todo listo. Sin embargo, no contaban con uno de los grandes obstáculos que tiene este torneo: los vecinos.
Si Wimbledon es el único Grand Slam con un toque de queda a las 23:00 y si existía el "Middle Sunday" hasta 2022 es porque los vecinos tienen una opinión muy importante sobre lo que ocurre en el torneo, incrustado en el barrio de Merton y rodeado de casas y edificios en los que vive gente corriente.
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Pese a que muchos de estos hacen caja durante el torneo, alquilando sus viviendas por precios astronómicos a tenistas, entrenadores, cuerpos técnicos, periodistas y trabajadores del mismo, también ponen el grito en el cielo cada vez que se produce cualquier mínimo cambio que afecte a su ecosistema, y tocar Wimbledon Park, donde se instalaba este campo de golf, es uno de ellos.
Varias asociaciones vecinales han esgrimido que este plan de expansión atenta contra la tranquilidad medioambiental de la zona, que amenaza la zona verde del parque y que supondrá ruidos, molestias y polución durante los años que duren las obras. Se han organizado campañas, se han recaudado miles de libras y se ha luchado para que esta expansión no se lleve a cabo. Además, insisten en que esas tierras no han sido de acceso público desde que se creara el club de golf hace más de un siglo y las reclaman.
Wimbledon tuvo que pedir permiso al ayuntamiento de Merton y de Wandsworth, ya que los terrenos están entre dos barrios, y solo el primero se lo concedió, llevando la situación a un punto en el que el ayuntamiento de Londres, como institución superior, tuvo que intervenir.
Este, tras analizar la situación dio luz verde al proyecto, decisión que el grupo "Save Wimbledon Park" llevará a los tribunales a partir del próximo jueves 10 de julio por considerar que no tiene jurisdicción sobre ello.
"Siempre estaremos limitados si no se produce la expansión. Intentaremos ser lo mejor posible con el tamaño que tengamos, pero, ¿seremos capaces de dar cabida a más gente? No. ¿Podremos dar a los tenistas su propia pista de entrenamiento? No. Si hay inclemencias temporales, ¿podremos jugar muchos partidos? No. Entonces, nos quedaremos por detrás", dijo Debbie Jevans, presidenta del All England Club, en una entrevista con el diario "The Times" hace unas semanas.
Wimbledon, la joya de la corona del deporte británico, da la bienvenida a más de medio millón de personas cada año y tiene un impacto en la economía alrededor de los 500 millones de euros anuales.
