La tenista de Siberia, que venía desde hace años llamando a las puertas de las mejores, se impuso con contundencia a la polaca Maja Chwalinska, 6-3 y 6-2, la primera superviviente de la fase previa que conseguía llegar a la final.
El cuento de hadas de la polaca de 24 años, la jugadora de peor ránking en una final de París, no pasó la reválida del juego contundente de Andreeva y que ha desplegado un tenis intenso y variado para conquistar su primer grande.
Sin bandera ni himno, prohibidos tras la invasión rusa de Ucrania de 2022, la siberiana, la primera rusa que gana Roland Garros desde Maria Sharapova en 2014 y la más joven en imponerse desde Monica Seles en 1992, recibió el trofeo de manos de Mary Pierce, ganadora del torneo en 2000, en una final en la que se impuso a la española Conchita Martínez, actual entrenadora de Andreeva.
"Nadie quiere tener una guerra, pero yo no pienso en esas cosas, demasiadas cosas tengo en la cabeza", dijo la jugadora para esquivar la polémica.
Con su primer grande en el bolsillo, la siberiana llama a las puertas del top-5 y a media campaña pone la guinda de un año excepcional, en el que lidera la clasificación de triunfos, 36, y en el que sobre tierra batida ha ganado 20 de 23 duelos.
Le hacía falta una reválida así a Andreeva, que tras apuntarse el torneo de Linz, cayó en la final de Madrid contra la ucraniana Marta Kostyuk, en las semifinales de Stuttgart frente a la kazaka Elena Rybakina y en los cuartos de Roma contra la estadounidense Coco Gauff.
En París evitó a las primeras del ránking, que fueron cayendo una tras otra, empezando por la defensora del título, Coco Gauff, derrotada en tercera ronda, la cuatro veces ganadora, la polaca Iga Swiatek en octavos, y la número 1 del mundo, la bielorrusa Aryna Sabalenka en cuartos.
Algo que para su entrenadora no resta brillo a su triunfo en Roland Garros, que atribuyó a la mejora que ha ido teniendo en los últimos meses.
"Creo que está preparada para ganar a las mejores (...) Aquí no lo ha hecho, pero ha tenido que lidiar con la presión de ser la máxima favorita y lo ha gestionado bien", comentó.
Pero en este Roland Garros dio el salto adelante con el que venía amagando en los últimos años, sobre todo con la semifinal que había alcanzado en París en 2024, cuando todavía no contaba con la madurez que ahora muestra.
Sus resultados en Grand Slam son constantes. En los tres últimos Abiertos de Australia ha llegado a octavos, en París encadena tres años sin perder antes de cuartos, ronda que jugó el año pasado en Wimbledon.
"Mi psicólogo me dice que puede elegir qué tipo de tenista quiero ser. He optado por ser una luchadora, inspirándome en Roger Federer. Nunca tendré su aura, pero quiero imitar su actitud, no ser una jugadora frustrada", dijo.
Tenía que dar un paso la rusa que ahora tendrá que confirmar que puede competir entre las mejores en un circuito femenino cada vez más abierto e imprevisible.
En lo que va de década, Andreeva es la duodécima tenista que levanta un Grand Slam, lo que muestra la dificultad para encontrar una dominadora.
La rusa alabó el trabajo junto a Cochita: "Hemos trabajado mucho dentro y fuera de la pista, hemos superado momentos difíciles, sobre todo a finales del año pasado. Es fantástico trabajar con ella, verla feliz y escucharle decir que etá orgullosa de trabajar conmigo".
