Sobre el papel, el germano Alexander Zverev cuenta con mucha ventaja sobre el transalpino Flavio Cobolli, tanto por ránking, experiencia y antecedentes, pero también con un inconveniente: su incapacidad para sacar su talento en las grandes finales.
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Cobolli, de 24 años, llega más fresco, tras la retirada en semifinales de su compatriota Matteo Arnaldi, sin nada que perder y una ilusión a prueba de bombas, un tenis muy sólido y la ambición de marcar la historia.
No era el italiano que los pronósticos esperaban a estas alturas del torneo, una suerte reservada al #1 del mundo, Jannik Sinner, pero su eliminación en este Roland Garros sin rumbo prueba que todo es posible para el florentino.
Con tres victorias en Roland Garros antes de esta temporada, con su techo en los cuartos de final de Wimbledon en 2025 en lo que se refiere a los grandes, el transalpino ya ha completado el mejor torneo de su carrera, se ha garantizado ingresar en el top diez y ahora tiene sobre sus hombros toda la atención del país más de moda en el tenis y que había enfrescado el champán para celebrar el título.
Sería el tercero en hacerlo, después de Nicola Pietrangeli (1959 y 1960) y Adriano Panatta, que será el encargado de entregar la Copa de los Mosqueteros 50 años después de su triunfo.
Un año después de que Sinner dejara escapar tres bolas de partido en la final más épica de la historia del torneo ante el español Carlos Alcaraz, Cobolli siente que tiene ante sí una oportunidad de oro de entrar en la historia.
Enfrente tendrá a un colega, Zverev, con quien entablaron una buena relación hace un par de años en Múnich que se ha ido amplificando con el tiempo y que ahora quedará en suspenso el tiempo que la final dicte su sentencia.
Sus raquetas se cruzaron el año pasado en el mismo escenario, en una tercera ronda en la que el alemán se impuso en tres sets. Será su quinto duelo, el cuarto sobre tierra batida, el tercero este año, en el que el italiano ganó en semifinales de Múnich y el germano hace unas semanas en cuartos de final de Madrid.
El germano conoce bien las altas instancias de los Grand Slam, sobre todo de Roland Garros, donde jugó la final en 2024 y donde ha jugado las semifinales en cinco de los últimos seis años, a lo que suma tres cuartos de final.
Pero el alemán, que ha demostrado su capacidad de ganar, 26 títulos en sus vitrinas, siete Masters 1000, tiene una espina clavada con los grandes, con las finales de los grandes, donde le ha faltado el instinto de campeón para apuntarse uno.
A sus 29 años, es el más virtuoso de una generación apresada entre el ‘Big 3’, que acaparó la mayoría de los grandes durante casi dos décadas, y la pujanza de la nueva encarnada por Sinner y Alcaraz.
Zverev tuvo su primera oportunidad en el Abierto de Estados Unidos de 2020, cuando sin Federer, Nadal y Djokovic y con los jóvenes todavía en ciernes, dejó escapar la final a cinco sets frente al austríaco Dominic Thiem.
El siguiente tres pasó cuatro años más tarde, ya en Roland Garros, pero para entonces la nueva camada ya tenía colmillos y desperdició una renta de dos sets a uno frente a Alcaraz. En el Abierto de Australia del año pasado regresó a la final, pero apenas opuso resistencia frente a un arrollador Sinner.
La historia le da una nueva opción, la que puede al fin acabar con el maleficio o dejarle una huella imborrable. Ante sí tiene la opción de convertirse en el primer alemán que levanta el trofeo desde los años previos a la Segunda Guerra Mundial, cuando bajo la bandera nazi Gottfried von Cramm (1936) y Henner Henkel consiguieron las dos únicas victorias germanas del torneo.
