El número 3 del mundo necesitó cuatro horas y 16 minutos de pura intensidad para sacarse las espinas de las finales perdidas en el US Open 2020, Roland Garros 2022 y el Abierto de Australia. Con esta victoria, se mete en los libros de historia como el primer tenista alemán en ganar en la tierra batida de París desde el inicio de la Era Abierta.
Al concretarse el último punto, Zverev se derrumbó sobre la mítica arcilla francesa y, pocos segundos después, se fundió en un emotivo abrazo con Cobelli, reflejando la gran amistad que une a ambos fuera del circuito.
Una final de dientes apretados antes que de buen tenis
A diferencia del histórico duelo que regalaron Sinner y Alcaraz el año pasado, esta final no será recordada por la delicadeza técnica, sino por la entrega total y el dramatismo. Ambos finalistas multiplicaron los errores no forzados (65 para el italiano, 54 para el germano), pero lo compensaron dejando el alma en cada pelota.
Cobelli, la gran sorpresa del torneo que buscaba emular la hazaña de Adriano Panatta a 50 años de su consagración en París, demostró una resistencia formidable. El italiano remó desde atrás en dos ocasiones y forzó un quinto set definitivo, donde la jerarquía y la experiencia de Zverev terminaron inclinando la balanza.
El peso del favoritismo y una revancha con sabor italiano
Ante la ausencia del bicampeón lesionado Carlos Alcaraz, y las eliminaciones tempranas de Jannik Sinner (N°1) y Novak Djokovic, Zverev cargó con la mochila de máximo candidato desde los primeros días. Aunque por momentos la presión amenazó con jugarle una mala pasada, el de Hamburgo supo sufrir para romper un maleficio que parecía eterno.
Esta consagración representó además el título número 25 de su carrera profesional y su primera copa levantada en lo que va de la temporada. Al mismo tiempo, significó una revancha personal muy especial contra el tenis italiano, el cual le había propinado sus únicas cuatro derrotas en arcilla durante este año.
Con este trofeo entregado por el mismísimo Panatta, “Sascha” Zverev da el salto definitivo que le faltaba y se anota, por fin, en el olimpo de los campeones de Grand Slam.
