En el caso del DAP (Fosfato Diamónico), el promedio anual pasó de 563,7 $/tm en 2024 a 685,2 $/tm en 2025, evidenciando un incremento significativo. Durante 2025 se observaron oscilaciones importantes, con un máximo de 770,6 $/tm en el tercer trimestre, seguido de una moderación hacia finales del año. No obstante, en 2026 los precios se mantienen en niveles elevados, alcanzando 658,3 $/tm en marzo, lo que sugiere que el mercado no ha retornado a valores previos al shock.
La urea (Europa del Este) presenta una dinámica aún más marcada. El precio promedio anual pasó de 338,3 $/tm en 2024 a 422,7 $/tm en 2025, y posteriormente registró un fuerte incremento hasta 725,6 $/tm en marzo de 2026, posicionándose como el fertilizante con mayor presión alcista en el periodo reciente. Este comportamiento responde a su fuerte dependencia del gas natural como insumo clave en su producción.

Por su parte, el TSP (Super Fosfato Triple) también refleja un patrón de volatilidad, con un aumento desde 474,6 $/tm en 2024 a 577,6 $/tm en 2025, alcanzando picos de 660,8 $/tm durante ese año y manteniéndose en niveles elevados en 2026. El Cloruro de Potasio muestra una evolución más moderada, aunque con tendencia al alza, pasando de 295,1 $/tm en 2024 a 347,5 $/tm en 2025, y ubicándose en 380,6 $/tm en marzo de 2026. En contraste, la roca fosfórica se mantiene estable en torno a 152,5 $/tm, lo que indica una menor sensibilidad frente a las tensiones recientes.
La evolución de estos precios se explica, en gran medida, por la estrecha relación entre los fertilizantes y los mercados energéticos. En particular, los fertilizantes nitrogenados, como la urea, dependen directamente del gas natural, por lo que cualquier alteración en la oferta o en los precios de la energía se traslada rápidamente a sus costos de producción. De acuerdo con el BM, los precios de los fertilizantes han mostrado incrementos relevantes en contextos de encarecimiento energético, consolidando este vínculo estructural.
En este escenario, el conflicto en Medio Oriente, con foco en Irán, ha introducido un nuevo factor de presión sobre los mercados internacionales. La región es clave tanto para la producción de energía como para las rutas logísticas globales, en particular el estrecho de Ormuz. La incertidumbre sobre el suministro energético y las interrupciones en el comercio han impulsado al alza los precios del gas natural, lo que a su vez impacta directamente en los fertilizantes.
Diversos organismos internacionales, incluyendo el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y agencias del sistema de Naciones Unidas, han advertido que el actual conflicto está elevando los costos de los insumos agrícolas y trasladándose progresivamente a los precios de los alimentos. Este fenómeno amplifica los riesgos sobre la seguridad alimentaria, especialmente en economías dependientes de importaciones de fertilizantes.
La experiencia de la guerra entre Rusia y Ucrania refuerza este diagnóstico. Ese episodio ya había generado disrupciones significativas en el mercado global de fertilizantes, evidenciando la vulnerabilidad de las cadenas de suministro ante shocks geopolíticos. En ese contexto, los fertilizantes adquirieron un rol central en la dinámica inflacionaria global, dada su incidencia directa en los costos de producción agrícola.
El encarecimiento de los fertilizantes impacta directamente en los ciclos productivos agrícolas, al modificar decisiones clave de los productores. El aumento de precios, especialmente en insumos como la urea, lleva a reducir la superficie sembrada o a sustituir cultivos intensivos en nutrientes por otros menos demandantes. Asimismo, se ajusta la dosificación, con aplicaciones por debajo del nivel óptimo, lo que afecta los rendimientos y la productividad por hectárea. También se registran cambios en el momento de compra y aplicación, debido a la incertidumbre sobre precios futuros, lo que puede desalinear el calendario agronómico. A su vez, se alteran los esquemas de rotación, priorizando cultivos con menores costos, con posibles efectos sobre la calidad del suelo. Este contexto incrementa la necesidad de financiamiento y eleva el riesgo operativo. De acuerdo con organismos internacionales, estos ajustes tienden a reducir la oferta agrícola global, generando presiones adicionales sobre los precios de los alimentos.
Finalmente, y a modo de remarcar, los datos del Banco Mundial reflejan un mercado de fertilizantes condicionado por factores estructurales y coyunturales. El repunte observado en 2026 sugiere que las presiones alcistas persisten, en un entorno donde la energía, la logística y los conflictos geopolíticos continúan definiendo la trayectoria de los precios. Este escenario no solo impacta en la rentabilidad del sector agrícola, sino que también se posiciona como un determinante clave en la evolución futura de los precios de los alimentos a nivel global.
*Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones
