La posición relativa del país también resulta destacada. En agosto de 2025, Paraguay tenía el cuarto riesgo país más bajo entre las economías latinoamericanas consideradas: Uruguay encabezaba el grupo con 74 puntos; seguido por Chile con 104; Perú con 131 y Paraguay con 135. Un año después, el orden se mantiene prácticamente intacto, pero con niveles aún menores: Uruguay registra 65 puntos; Chile 87; Perú 106 y Paraguay 107. Es decir, Paraguay se encuentra apenas un punto básico por encima de Perú y redujo la distancia respecto de Chile de 31 a 20 puntos.
La mejora no es exclusiva de Paraguay. Entre agosto de 2025 y agosto de 2026 se observa una amplia compresión de las primas soberanas en la región. Brasil pasó de 193 a 174 puntos; México de 245 a 196; Colombia de 282 a 189; Guatemala de 166 a 110, mientras Bolivia descendió de 1.327 a 396. Argentina también presentó una fuerte reducción, desde 829 hasta 514 puntos. Aun así, las diferencias continúan siendo amplias: Uruguay representa el extremo de menor riesgo, mientras Venezuela permanece muy alejada del resto con 6.389 puntos.
Para Paraguay, los 107 puntos constituyen una señal favorable porque reflejan la percepción que tienen los mercados internacionales sobre la capacidad del Estado para cumplir sus obligaciones. Un menor EMBI implica, en términos generales, una menor prima de riesgo y contribuye a generar condiciones más favorables de financiamiento. Sin embargo, este activo no debe interpretarse como permanente. El riesgo país responde también a variables fiscales, monetarias, cambiarias, institucionales y externas; por ello, conservar los fundamentos que permitieron alcanzar esta posición resulta tan importante como haber llegado a ella.
En ese punto aparecen señales que requieren atención. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) modificó recientemente la trayectoria fiscal: ahora plantea un déficit de 3,2% del PIB para 2026 y 3,9% para 2027, con retorno al límite de 1,5% recién en 2028. La revisión responde, entre otros factores, al reconocimiento de obligaciones pendientes con proveedores y a una menor recaudación asociada a un tipo de cambio inferior al previsto originalmente. Al cierre de julio, el déficit acumulado ya equivalía a 1,2% del PIB, mientras los ingresos totales crecieron 1,2% y los impuestos vinculados al comercio exterior cayeron 12,2%.
El economista y exministro de Hacienda Manuel Ferreira ha advertido que esta trayectoria pone presión sobre uno de los principales activos del país: la estabilidad macroeconómica. Ferreira considera difícil retornar al déficit de 1,5% en 2028 si los ingresos no crecen al ritmo necesario y el gasto permanente continúa bajo presión. También ha señalado que el reconocimiento de las obligaciones acumuladas es necesario para transparentar la verdadera situación fiscal, pero debe acompañarse de reformas que eviten que el desequilibrio se vuelva estructural.

En materia monetaria también existe un desafío de equilibrio. El BCP mantiene la Tasa de Política Monetaria en 5,50%, mientras la inflación interanual descendió a 1,5% en agosto de 2026, por debajo de la meta de 3,5%. Al mismo tiempo, las Reservas Internacionales alcanzaron US$ 11.441,2 millones al 28 de agosto, un importante colchón para la economía paraguaya.
Ferreira ha puesto el foco especialmente en el comportamiento cambiario. Su planteamiento no apunta a impedir que el dólar baje, sino a reducir la volatilidad y preservar el tipo de cambio real y la competitividad. En efecto, las importantes oscilaciones del dólar afectan la capacidad de las empresas para planificar inversiones, costos y operaciones comerciales. Aunado a los efectos que una restricción fuerte de liquidez puede tener sobre las tasas y los incentivos financieros.
Así, los 107 puntos de riesgo país ofrecen una fotografía positiva de Paraguay frente a América Latina, pero también plantean una responsabilidad. La baja prima soberana se apoya en una reputación macroeconómica construida durante años. Disciplina fiscal, inflación controlada, previsibilidad cambiaria, reservas suficientes y credibilidad de las instituciones económicas son variables que deben protegerse de manera conjunta. El desafío no pasa solamente por exhibir uno de los menores EMBI de la región, sino por evitar que los desequilibrios fiscales o una política monetaria que genere volatilidad terminen erosionando una ventaja que hoy diferencia a Paraguay frente a buena parte de América Latina.
* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.
