Hace 25 años, un nuevo personaje surgía en los comics, Deadpool, un ser que comenzó siendo un villano pero luego ganó un espacio protagónico no convirtiéndose en un héroe, sino que en alguien ambiguo y cínico que se burla de todo y que tiene un boca tan grande que hasta a los lectores habla.
Afortunadamente la versión cinematográfica de Deadpool conserva su espíritu anárquico y provocador.
Ryan Reynolds encarna al “superantihéroe” con sus características originales. El debutante director Tim Miller nos presenta una película que se burla del universo de superhéroes, pero que mantiene la acción que el público quiere. Su humor negro y sus situaciones extremas de violencia y sexo hacen que la película no sea para todo público, pero enriquece el conjunto de filmes sobre superhéroes. Una apuesta que se ha jugado por un guión atractivo más que en la espectacularidad de los efectos. Y la jugada se agradece.
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