Es conocida su posición a favor de la liberación de las drogas.
Mire, ahí está la experiencia. ¿Hace cuántos años que los países consumidores y productores invierten enormes cantidades de dinero y energía combatiendo la droga, tratando de reprimirla, con éxito nulo, absolutamente nulo? El consumo, la producción, la distribución siguen aumentando irresistiblemente, con una consecuencia atroz, que es una delincuencia profundamente corruptora. La seguridad está desapareciendo en nuestros países por culpa de la droga, los narcotraficantes tienen un poder económico tan grande que pueden competir con el Estado ventajosamente, pagando mejores salarios a políticos, a jueces, a periodistas. Entonces hay que aceptar la lección de la realidad. Si la represión evidentemente no resuelve al problema de la droga, conversemos los países consumidores, los países productores, e intentemos la legalización.
Por lo menos para acabar con el crimen.
La legalización acabó con toda la violencia gansteril monstruosa que trajo la prohibición del alcohol en Estados Unidos. Y, en cambio, las políticas de rehabilitación, de prevención han tenido notable éxito en el caso del tabaco, por ejemplo, cuyo consumo se ha restringido muchísimo sin represión, con prevención, con educación. A eso es a lo que hay que ir.
Lo de México es terrible.
Lo de México es la mejor expresión de lo que estamos diciendo. Ha habido una lucha heroica, porque realmente ha sido heroico lo que ha hecho Calderón (Felipe, actual presidente) para tratar de reprimir la droga, pero la droga sigue y ya hay 35.000 muertos. ¡35.000 muertos!, que pueden llegar a 100.000 fácilmente.
Horroroso.
Y lo más grave es que en cualquier momento vamos a llegar a un narcoestado, en cualquier momento la droga va a tomar el control de un Estado. Eso en países como los nuestros puede efectivamente ocurrir. Yo creo que no hay alternativa. Hay que legalizar las drogas e invertir lo que invertimos en reprimir, en prevenir, en rehabilitar, en hacer campañas que eduquen a la población y alejen sobre todo a los jóvenes y a los niños de la droga, que es el gran problema hoy día en América Latina, la manera en que ya no los jóvenes, sino hasta los niños, van siendo incorporados al consumo de drogas.
Los que se oponen a la legalización dicen que va a aumentar el consumo.
La legalización tiene riesgos, sí, pero hay que tratar de contrarrestarlos con esas campañas. Pese a esos riesgos, lo más importante ahora es terminar con la delincuencia y solo la legalización puede hacerlo.
¿Lo cree posible?
Debe hacerse a través de acuerdos internacionales. Si un país lo hace solo ese país inmediatamente será aislado, convertido en chivo expiatorio. La idea poco a poco va ganando apoyo, bastante ya en Europa, no tanto todavía en Estados Unidos y en América Latina.
Muchos intereses creados también.
Esa es una de las razones por la que no gana más apoyo. Ya lo dijo Milton Friedman en un famoso estudio hace muchísimos años pidiendo la legalización. Hay mucha gente que vive de luchar contra las drogas y, por supuesto, defiende su modus vivendi, son miles y miles de personas. Ese es el obstáculo mayor.
¿Cree que Estados Unidos alguna vez va a cambiar su política?
Bueno, en California se perdió lamentablemente el plebiscito por la liberación de la marihuana, pero se perdió por muy poco, más del 40 por ciento votó a favor. Yo creo que se va avanzando, pero no es fácil. Es una batalla cultural, una batalla de ideas. Lo que demuestra una vez más que todos los problemas políticos son en última instancia culturales, se trata de conseguir que ciertas ideas se impregnen en una sociedad para que esa sociedad esté dispuesta a cambiar.
La legalización es la única alternativa, pero no es fácil. Como todo, esta también es una batalla cultural, de ideas"