Esteban Cabañas recurre a la escritura como en un ritual

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“Toda narración que uno hace siempre es como una confesión, de algo que tuvo en su vida. Por eso escribir, para mí, es como un ritual”, así señala Esteban Cabañas, que es el seudónimo que Carlos Colombino adopta en su faceta literaria. Este año, su novela “Atajo” fue premiada con el “Roa Bastos 2012”.

Colombino escribe con el nombre de Esteban Cabañas desde los años sesenta. Tiene varios poemarios publicados y algunas obras teatrales escritas. Pero en 1998 recién empezó a escribir prosa.

“Estando en Lawrence, Estados Unidos, empecé a armar la primera novela. No me siento bien en una cosa muy larga, y así comencé con Lo dulce y lo turbio, haciendo pequeños flashes, como si fuera un libreto, y es como sigo escribiendo, como si fuera un collage que luego lo arma el que lo lee. Los personajes son como si fueran tomados al azar, actúan en un momento determinado, sin perfiles psicológicos ni nada por el estilo”, señaló en una entrevista.

“Comencé escribiendo teatro, pero me siento como un autor frustrado de teatro. Me encontré con dificultades para llevar a escena las obras que planeaba. Llegué a la conclusión de que en Paraguay solo un trabajo individual es posible”, dice Cabañas. Sin embargo, el teatro sigue presente en sus novelas. Las acciones suelen ser presentadas como escenas, como en Humo sobre humo, su obra sobre la dictadura de Alfredo Stroessner.

“Me gustan estos saltos en el tiempo, de historia a otras historias. No tengo oficio de escritor ni tampoco vicio. Hago una especie de estructura, como un arquitecto. Es una construcción donde las palabras son como ladrillos. El total del pequeño relato es otro elemento de algo mayor”.

Influencias

Acerca de sus influencias literarias, dice ha leído tanto que se le cruzan todos los cables. “Pero siento a Roa Bastos, a Dostoievsky, a Cortázar, a Borges a Yourcenar y Faulkner. Pero nadie en particular; soy un devorador de lecturas. Esa alimentación se funde en un bolo. que es lo que me sale ahora, aunque pienso que Saer, Borges o Roa me son más afines”.

“Creo que en Paraguay no hay novelas de estructuras lineales porque no hemos tenido el siglo XIX, cuando existía la novela por entregas y tenías que ligar los capítulos. Somos hijos de una literatura despanzurrada, de experiencias”.

“No somos hijos de esas novelas que se podían llamar de estudios psicológicos ni tampoco de la literatura costumbrista. La complejidad del mundo ha determinado un sistema de lenguaje, de imagen que ha cambiado la percepción del mundo”.

En su obra también, Cabañas siente la necesidad de sacar personajes que han sido de su vida y traerlos a la memoria, como marcando una pertenencia o exorcizando recuerdos. En Atajo hay mucho de la interrelación con su abuela, o en Juego cruzado están sus recuerdos de la Guerra civil del 47.

“Es algo que surge espontáneamente, casi como una necesidad. Esta noche tenés que cenar y vas a la heladera a buscar lo que tenés disponible. Así, recurrí a las vivencias propias de uno, las anécdotas de mi familia y también a documentos sobre la historia del Paraguay, tomando personajes que son emblemáticos de alguna manera”.