Historia de cómo los militares fueron perdiendo posiciones

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La gesta de la independencia nacional fue un acontecimiento eminentemente militar, pues fueron oficiales castrenses los que estuvieron al frente. Sin embargo, paulatinamente estos fueron perdiendo preeminencia ante el carácter del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia.

Este es el cuarto título de la Colección Guerras y violencia política en el Paraguay, emprendimiento bibliográfico de ABC Color y la editorial El Lector.

Sorprendido por el éxito del golpe en la madrugada del 15 de mayo, el capitán Pedro Juan Caballero decidió comunicar por chasque al comandante de la revuelta, brigadier Fulgencio Yegros, quien se hallaba en ese momento en la lejana Villa Encarnación.

Yegros llegaría a Asunción cinco días más tarde, el 20 de mayo, y sería recibido con júbilo en las puertas de la ciudad frente al Convento de San Francisco de los Recoletos, recreado pictóricamente en otro cuadro de Gil Coimbra, pintor boliviano, que se encuentra en el Museo Casa de la Independencia.

Caballero ordenó informar del resultado de la gesta a la Junta de Buenos Aires, pero fue disuadido de ello por consejo del Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, quien anotó que sería inoportuno “darles el gusto a los orgullosos porteños”.

Para el día siguiente del golpe, 16 de mayo, el gobierno provisorio quedó constituido por el Triunvirato conformado por el Dr. Francia, el gobernador Velasco y Juan Valeriano de Zeballos.

Velasco aparentó de buena manera compartir el poder, pero casi inmediatamente comenzó a complotarse con el bando españolista con el fin de volver a manejarlo él mismo, lo que obligó al cuartel a tomarlo prisionero y expulsarlo definitivamente de la Junta, el 9 de junio del mismo año.

Si bien el Triunvirato nominalmente tenía el poder, las decisiones finales eran tomadas por el capitán Caballero y el brigadier Yegros, como corresponde a todo gobierno militar luego de una victoria guerrera.

Esta situación iría generando irritación en el Dr. Francia, quien deseaba tomar las riendas del poder sin interferencia de los cuarteles. Su presencia se fue haciendo paulatinamente imprescindible para la preparación de documentos, la negociación con enviados externos y con la organización general de la provincia.