Ello se revela en toda su magnitud en “Las mujeres”, de Ana Barreto, sétimo libro de la colección “150 años de la Guerra Grande”.
Las mujeres no solo eran madres, hermanas, hijas, esposas, viudas, huérfanas, sino que al volverse aquella una guerra total, se constituyeron en puntales de la producción y la economía en general.
Cuando el mariscal López decretó la movilización total de la población masculina en 1866 –señala Ana Barreto en su libro–, y un año más tarde comenzó a descender la edad para lograr nuevos enrolamientos, la economía paraguaya se transformó automáticamente en una economía de “guerra total”.
Las mujeres paraguayas que tradicionalmente se ocupaban del cultivo de la chacra, de la venta posterior de productos de granja y agrícolas, y cosían vestuarios para el ejército, pasaron ahora a convertirse en las principales proveedoras del Estado en cuanto a esos productos, y, por supuesto, también debían labrar con más intensidad la tierra, luego de planificados y supervisados los campos agrícolas. La carga del abastecimiento al ejército pasó en el segundo año de la guerra a recaer enteramente en mujeres, niños, niñas y hombres mayores de sesenta años.
La yerba mate y la carne, que provenían de las estancias estatales, eran la única provisión alimentaria que tenían las mujeres sin necesidad de comprar, aunque racionadas.
Para el resto de productos comestibles, las mujeres no solo se convirtieron en las principales proveedoras al Estado o a particulares, sino que ellas controlaron en un 60 por ciento el traslado y comercio de los productos comestibles.
Los sembradíos de algodón también se vieron afectados por la orden de plantar productos comestibles, lo que sumado al bloqueo para la importación de telas, hizo –dice la autora– que se viera la posibilidad de generar con urgencia ropas, ya que por decreto del 14 de febrero de 1866, se impuso la contribución obligatoria de vestuarios para el ejército de parte de la población civil aunque de acuerdo con las posibilidades de cada familia. Así, renacieron las antiguas hilanzas indígenas de fibra de caraguatá.
Esta serie es un emprendimiento de El Lector y ABC Color, y los libros aparecen cada domingo.
