Las armas de los soldados paraguayos en la guerra

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El cuarto título de la colección “A 150 años de la Guerra Grande” contiene un apasionante estudio sobre el colectivo principal de la contienda, el conformado por los soldados, hecho por la joven historiadora compatriota Anahí Soto Vera.

El libro, que aparecerá el domingo 29 de setiembre con el ejemplar de nuestro diario, se llama precisamente “Los soldados”. Hay en la obra detalles atractivos sobre cómo fueron aquellos combatientes, con qué elementos contaban, cómo se prepararon y, sobre todo, cómo murieron por ser la “carne de cañón” de aquel holocausto que casi acabó con el Paraguay.

Si la Guerra contra la Triple Alianza duró cinco años pese a la abrumadora superioridad numérica y de armamentos de los aliados, en gran parte se debe al heroísmo rayano en la temeridad, de los soldados paraguayos.

Cuenta Anahí Soto en el libro que aparecerá el domingo, que las fuerzas paraguayas estaban divididas en tres armas: la caballería, la infantería y la artillería. La Armada o fuerzas de marinería eran pocas y fueron desarticuladas muy pronto.

La caballería y la artillería estaban constituidas por regimientos, o baterías en el caso de la artillería. Cada regimiento, a su vez, en cuatro o seis escuadrones compuestos por una centena de hombres.

La artillería contaba con los batallones de artillería ligera y pesada. Los mejores soldados eran escogidos para conformar estas dos fuerzas. En la infantería, la unidad mayor era el batallón, compuesto por seis compañías de unos 100 hombres.

Cada batallón o compañía debía ser mandado por un coronel, un teniente coronel y dos sargentos mayores, sin embargo en la práctica no siempre fue así.

La infantería se armaba con fusiles de chispa, y tres batallones estaban armados con rifles Witton, fulminantes; además llevaban la bayoneta y en algunos casos los machetes.

El regimiento de dragones se componía de unos 250 hombres que tenía carabinas comunes rayadas, y carabinas rayadas, de cargar por la recámara, rifles con sistema Turner.

La artillería tenía un sistema de cañones lisos, de diferente calibre entre seis y quince centímetros. Los proyectiles eran balas esféricas y tarros de metralla. Tres regimientos de artillería volante tenían cuatro baterías de seis cañones, y otra batería de cañones rayados de acero de 12.

La de plaza era toda lisa, con 24 cañones de 8 pulgadas, dos de 56 muy pesados y aproximadamente un centenar de calibres que variaban entre 24 y 32. Algunos de estos constituían el armamento de las tan temidas baterías de Humaitá. Las chatas estaban armadas con 6 cañones de 8 pulgadas. La caballería estaba armada con sables, lanzas y carabinas de chispa.