Monarca sin corona en el reino de la actuación

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Un verdadero rey sobre las tablas, que sin ínfulas de divo supo imprimirle pasión a la actuación. Este fue Alfredo Alcón, que bien podría apodarse “el Grande” por una trayectoria amplia y admirable que llegó hoy a su fin con su muerte, a los 84 años.

BUENOS AIRES (EFE, por Natalia Kidd). Actor de alma y maestro de actores, falleció en la madrugada de ayer en su casa de Buenos Aires, tras una larga enfermedad. Ya inconsciente, en su cama, varios de su colegas lo acompañaron en sus últimas horas, como un legendario monarca que muere rodeado de sus caballeros.

Tímido bajo los escenarios, crecía mágicamente sobre ellos, hasta darle un carácter magistral a Enrique IV, Ricardo III o el rey Lear, de Shakespeare, el Edipo rey de Sófocles, el Eduardo II, de Marlowe, y hasta el Manuel comediante de “Los reyes de la risa” de Neil Simon.

“Yo no oigo cuando me dicen maestro. Contesto, “sí, maestro”, y me río. El que se cree un maestro es un pelotudo. El que encuentra rápido es porque busca poco: cuando empiezo a trabajar, estoy tan inseguro, que me sobran los brazos”, dijo el actor en una entrevista en 2008, con motivo del estreno en Madrid de “El Rey Lear” un clásico que durante años soñó con hacer.

Es por esta actitud de humildad, siendo uno de los grandes de la actuación, multipremiado, con casi medio centenar de filmes en su carrera, además de su trayectoria teatral, como actor y director, y su incursión en la televisión, que sus colegas lo admiran tanto.

Su último trabajo, como actor y director, fue el año pasado, con “Final de partida”, un clásico de Samuel Beckett, en el Teatro San Martín de Buenos Aires.

Nacido el 3 de marzo de 1930 en Buenos Aires, su trayectoria cinematográfica no fue menos reconocida que la teatral.

En la pantalla grande, sus papeles más notables fueron de la mano de directores como Leopoldo Torre Nilsson, con quien trabajó en “El santo de la espada” (1970), “Martín Fierro” (1968), “La mafia” (1972), “Los siete locos” (1973) y “Boquitas pintadas” (1974).

Alcón fue además uno de los protagonistas de “Nazareno Cruz y el lobo” (1975), de Leonardo Favio, una de las películas argentinas más taquilleras. Trabajó asimismo bajo las órdenes de los españoles Juan Antonio Bardem y Antonio Hernández, en “Los inocentes” (1964) y en “En la ciudad sin límites” (2002), respectivamente.