Estaba convencido por completo de que si un Estado debía progresar, solo existía esa manera de conseguirlo: despóticamente. Su dedicación a pacificar a los anglosajones y a los vikingos, obligándoles a la convivencia bajo pena de muerte, le obsesionó extrañamente, y resultó en el fondo contradictorio con el afán que hervía como una caldera en su corazón: la conquista de otros reinos.
Guillermo pareció repentinamente creer que era su deber el organizar con criterio el nuevo reino, cuando, hasta entonces, no había hecho lo mismo con su patria natal, a la que también se debía.
En Normandía lo único que había hecho era afirmar su personalidad y confirmar su autoridad, también por la fuerza, pero había olvidado el gobierno cabal del ducado que seguía desenvolviéndose en la aflicción y en la acefalía, pues Guillermo apenas acudía por lo que había delegado el poder en una serie de nobles a los que únicamente les importaba la prevaricación y el desfalco del erario.
Guillermo I, llamado el Conquistador, nació en Falaise, actual Francia, en 1028 y moriría en Ruán, en 1087. Fue Rey de Inglaterra (1066-1087) y duque de Normandía con el nombre de Guillermo II (1035-1087).
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Hijo natural del duque Roberto I de Normandía, llamado el Diablo, fue reconocido como heredero por su padre antes de partir hacia Tierra Santa, donde encontró la muerte (1035).
La presencia de un niño bastardo al frente del ducado normando, no obstante, no fue bien acogida por buena parte de la nobleza feudal ni por sus propios parientes, razón por la que, a lo largo de su minoridad, se sucedieron las rebeliones nobiliarias que sumieron a Normandía en la anarquía, ante la incapacidad de los tutores del pequeño duque de hacerse con el control de la situación.
Guillermo I, el normando, se hizo rey de Inglaterra tras invadir la isla y vencer a los ingleses en la batalla de Hastings, el 14 de octubre de 1066. Durante los últimos años de su vida tuvo que padecer amargas querellas familiares, pero el golpe de gracia lo recibió de su hijo mayor, Roberto, que se rebeló contra su padre cuando este le negó el ducado de Normandía, con el apoyo de la propia reina Matilde.
