Napoleón (1769 – 1821) tuvo una infancia muy ajetreada. Habiendo nacido en la isla de Córcega, su padre, Carlo María Bonaparte, tomó partido por los nacionalistas corsos en su guerra contra Francia.
Congregados en torno a un héroe nacional, Paoli, los isleños la defendieron con las armas.
Por las derrotas de Paoli y la persecución de su bando, la madre de Napoleón tuvo que enfrentar durante sus primeros alumbramientos las incidencias penosas de las huidas por la abrupta isla; de sus trece hijos, solo sobrevivieron ocho.
Sojuzgada la revuelta, el gobernador francés, conde de Marbeuf, jugó la carta de atraerse a las familias patricias de la isla.
Carlo Bonaparte, quien se ufanaba de pertenecer a la pequeña nobleza con unos antepasados en Toscana, aprovechó la oportunidad, viajó con una recomendación de Marbeuf hacia la metrópoli para acreditarlas y logró que sus dos hijos mayores entraran en calidad de becarios en el Colegio de Autun.
Poco después murió su padre y Napoleón se trasladó a Córcega con una baja temporal en el servicio activo.
